El camino de Santiago


El descubrimiento de la supuesta tumba del apóstol Santiago se produce en el año 813. Un pastor de la remota Galicia cree ver un campo de estrellas señalando un lugar en el monte Libradón. Da cuenta a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, quien acude a inspeccionar el lugar, encontrando un arca de mármol y en su interior unos restos humanos. Teodomiro declara por revelación divina que aquélla es la tumba del apóstol Santiago y avisa al rey astur Alfonso II el Casto, quien ordena levantar una primera iglesia de ladrillos de barro para proteger el lugar santo. Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, fue uno de los 12 apóstoles que acompañaron a Jesucristo. Algunas leyendas dicen que estuvo en España predicando la doctrina de Jesús. Murió decapitado en Jerusalén, en el año 42, por orden de Herodes Agripa. Según la tradición, sus discípulos robaron su cuerpo y lo trasladaron en un viaje marítimo de siete días de duración hasta la desembocadura del río Ulla, la actual ría de Arousa, para cumplir con el rito arraigado entre los apóstoles de ser enterrados donde predicaron. Después de varios hechos milagrosos, que convencieron a la reina local Lupa, lo enterraron

Imagen Camino

Para entender el significado de un hecho tan lejano, a caballo entre la leyenda y la realidad, hay que ponerse en la situación histórica de aquellos momentos. En el primer tercio del siglo IX la península ibérica se encontraba prácticamente dominada por la invasión musulmana. Sólo unos pequeños reinos cristianos resistían el empuje en las montañas de la Cornisa Cantábrica. Mientras los mahometanos unificaban sus fuerzas al grito de Mahoma, el bando cristiano no tenía un líder carismático, una figura que representara sus ideales. En este escenario se ha de situar la aparición del sepulcro del apóstol. Por fin, el bando cristiano disponía de una figura capaz de unificar la lucha contra el enemigo común. Pocos años después, en el 23 de mayo de 844, el rey Ramiro I de Asturias se enfrenta en Clavijo, cerca de la actual Logroño, a las tropas musulmanas de Abderramán II en clara desventaja numérica. Entre el fragor de espadas y lanzas, el apóstol Santiago aparece sobre un corcel blanco repartiendo mandobles a diestro y siniestro sobre la morisma. Los cristianos vencen contra todo pronóstico y el mito jacobeo traspasa definitivamente los Pirineos. Todo Occidente se vuelve en el culto a los restos del Apóstol, haciendo suya la responsabilidad de asegurar el paso hacia Compostela.

Desde entonces, peregrinos de toda Europa comienzan a caminar en dirección a la capital gallega. La iglesia de ladrillos de barro fue poco a poco convirtiéndose en una catedral de grandes proporciones, siempre rodeando al lugar donde se encontró el arca con los restos sagrados. Apareció una nueva terminología, la de peregrino, viajero a Compostela, como antes lo fue romero, para quien visitaba Roma, o palmero, en alusión al que acudía a rezar a Jerusalén. Los primeros peregrinos recurrían a viejas calzadas romanas, sobre todo a la Vía Aquitania, que unía Burdeos con Astorga a través de Vitoria y Briviesca (Burgos). Aprovechando que la Reconquista desplaza la frontera con el mundo del Islam cada vez más al sur, los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León fundan ciudades (Estella, Puente la Reina) para repoblar sus nuevos territorios y abren un nuevo camino que discurre por Pamplona, Logroño y León. Terminaría conociéndose como Camino Francés y es el que en la actualidad utilizan los modernos peregrinos.

En el año 1.122, el papa Calixto II instituye el Año Santo Jacobeo, aquel en el que el 25 de julio, festividad del Apóstol Santiago, cae en domingo. Su sucesor, Alejandro III, dicta en 1.179 en Viterbo la bula Regis Aeterna, por la que se otorga indulgencia plenaria (perdón a todos sus pecados) a quienes visiten el templo compostelano durante esos años santos. Un embajador del emir Alí Ben Yusuf narraba en el siglo XII: "Es tan grande la multitud de peregrinos que van a Compostela y de los que vuelven, que apenas queda libre la calzada hacia Occidente".



Leyendas, anécdotas y curiosidades.


El Camino de Santiago está lleno de anécdotas, leyendas y cuentos de pícaros. Al principio, los peregrinos vestían ropas comunes al resto de viajeros. Poco a poco, la indumentaria fue concretándose en un abrigo corto que no estorbaba el movimiento de las piernas, una esclavina o pelerina de cuero que protegía del frío y la lluvia, sombrero redondo de ala ancha y un bordón más alto que la cabeza con punta de hierro; colgada de él, una calabaza hacía las veces de cantimplora. La vieira, concha habitual en los mares de Galicia, se prendía a la ropa para autentificar la estancia en la ciudad del Apóstol en el camino de regreso. En el siglo XII, en la plaza del Paraíso de Santiago (actual Azabachería) existía ya un próspero negocio de conchas de plomo, estaño y azabache como recuerdo para los visitantes.

El peregrino solía ser una víctima apetecible (solo, en terreno abierto y poco conocedor del país) de timadores y rufianes. Entre las figuras más temibles figuraban los posaderos, que añadían agua al vino, cobraban más de lo debido, daban cambio con moneda falsa o servían pescados y carnes pasados de fecha, y los barqueros, que exigían tarifas desorbitadas al caminante indefenso. En 1.133 las autoridades de Compostela amonestaron a los comerciantes tras comprobar que cobraban más al peregrino que al residente. A lo largo de los siglos, personajes de toda clase y condición recorrieron la ruta de las estrellas. El primero documentado fue Gotescalco, arzobispo de la localidad francesa de Le Puy, quien llegó a Compostela en el año 950 acompañado de un gran séquito. A mediados del siglo XII los condes de Barcelona disponían de un servicio oficial de guías para acompañar a sus huéspedes ilustres que así lo solicitaran hasta la catedral de Santiago.

En 1.488 son los Reyes Católicos los que viajan a la ciudad santa. También existió la peregrinación por delegación. Un documento de 1.312 detalla cómo el francés Yves Lebreton cumplió los requisitos de la peregrinación a nombre de la condesa de Artois. A partir del siglo XV se inicia un nuevo tipo de peregrinación: la caballeresca. Ejemplo de ella fue el caballero Hainault de Werchin, quien anunció que retaría a todo caballero que en su tránsito a Santiago no se apartara más de veinte leguas de su camino.

Otro personaje famoso ligado al Camino es Aymeric Picaud, clérigo francés que en 1.139 escribió un libro de viajes, el Codex Calixtinus o Guía del peregrino medieval, considerada la primera guía turística de la historia. El Codex detalla el viaje por el Camino Francés (desde Roncesvalles) con todo lujo de detalles en costumbres, lugares, gentes, paisajes, comidas, hospitales, iglesias, peligros y nombres de lugares, muchos de ellos aún reconocibles hoy en día. El libro se conserva en el museo de la catedral de Santiago de Compostela.

Entre las leyendas más famosas hay que destacar la de la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada.

Cuenta cómo un matrimonio alemán y su hijo llegaron a la posada de Santo Domingo. La criada trató de seducir al muchacho, pero como éste se negó, metió un cáliz de plata en su zurrón y le denunció a las autoridades. El muchacho fue juzgado y ahorcado inmediatamente. Los padres, afligidos, continuaron la peregrinación a Santiago. De regreso, pasaron de nuevo por Santo Domingo y comprobaron que su hijo colgaba aún vivo de la cuerda: Santo Domingo lo sujetaba por los pies. Al contarle lo sucedido al corregidor, éste, que se disponía a comer, dijo: "Vuestro hijo está tan vivo como esta gallina que me voy a comer"; en ese momento, el ave dejó el plato y hecho a correr, dando lugar al dicho. "Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada". Para recordarlo, se conservan siempre un gallo y una gallina vivos en una urna en el interior de la catedral de Santo Domingo.

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