La diligencia
En 1856, se inició servicio Oviedo-Gijón-Avilés a
cargo de una empresa domiciliada en la capital, denominada "La
Unión Asturiana", con viajes diarios de ida y
vuelta. Resultó buen negocio, y años después, se fundó otra
empresa con capital avilesino llamada "La Villa de
Avilés".
Ambas empresas entablaron una reñida competencia para atraerse
a los viajeros. Avilés se dividió en dos
bandos que llegaron a apasionar a los vecinos de la villa. Los
dimes y diretes en la prensa, las coplas y las pullas entre
los partidarios de "La Unión" y los de "La
Villa", llegaron a constituir un verdadero sainete
que nunca fue escrito. Como consecuencia de esta rivalidad,
los precios fueron bajando.
Al establecerse "La Villa de Avilés", "La
Unión" cobraba veinticuatro reales (seis pesetas)
en berlina y veinte (cinco pesetas) en el interior por el
billete de ida o vuelta a Oviedo. "La
Villa" puso el viaje a veinte y dieciséis reales,
respectivamente. Inmediatamente los igualó "La Unión",
pero "La Villa" los volvió
a bajar, y así se llegó hasta los seis reales en berlina y
cuatro en interior.
Esta absurda competencia (que se repetiría en otras líneas)
llevó a la ruina a ambas empresas. "La Unión"
llegó a contar con un déficit de ciento cuarenta mil reales,
y, por su parte, "La Villa" a deber a todo el
mundo, desde los sueldos de los postillones a la cebada de las
bestias. Fue aquel un escándalo pintoresco, hasta el punto que
"El Faro Asturiano" (22-XII-66) intervino con
un editorial para aconsejar a los dos beligerantes: "Esta
lucha tiene que ser funesta para ambas empresas y en bien de
ellas proponemos a los señores socios de Avilés que
suspendan una guerra que traerá graves perjuicios a honrados
padres de familia, y entren en una noble y amistosa
transacción cediendo por su valor a "La Unión Asturiana" si
ésta consiente en ello, los efectos y valores que posea."
Entre Gijón y Avilés no
hubo hasta 1.867 un servicio regular de viajeros, pero sí
existían carruajes que hacían el recorrido sin horario fijo,
de lo que se lamentaba la prensa gijonesa.
Las diligencias de Oviedo a Gijón
y Avilés y localidades intermedias
entre Avilés y Gijón,
como Luanco y Candás,
eran disputadísimas en verano, pues a partir de mediados de
1.850, se impuso la moda del veraneo.
En la zona Oriental asturiana existió en primer lugar la línea
o servicio de Oviedo a Pola de
Siero y Villaviciosa, a travís
de una de las primeras carreteras que contó Asturias.
Al establecerse en 1852 el ferrocarril Gijón-Langreo
(primero de Asturias y tercero de la Península), se
creó la línea de Villaviciosa a Gijón,
por camino deficiente, y un empalme en El Berrón hasta
Infiesto. Por cierto, que el
Ferrocarril de Langreo obtuvo más utilidades en su
primer año con el arrastre de avellanas que con el carbón. El
nuevo servicio ferroviario fue muy mal recibido por los
arrieros y carreteros, sobretodo en el concejo de Siero,
que vivían en gran parte de los transportes del carbón.
Villaviciosa, Siero y
luego Infiesto recogían los viajeros de la
zona Oriental. Luego la carretera fue extendiéndose lentamente
por el interior y la costa hasta Cangas de Onís,
Ribadesella y Llanes.