Siglos XI-XII
Siglo XI
En el año 1.075, Alfonso
VI visita Oviedo para abrir las reliquias de la
Cámara Santa, acompañado de un gran séquito, en el que se
incluía El Cid y su esposa Ximena
(hija del Conde de Oviedo). El camino de Castilla al
Salvador de Oviedo, a menudo fue tachado de
peligroso y despoblado. Por eso, el hermano de Ximena
fundó en Arbás la Colegiata.
Atraídos por las reliquias y la fama de los "milagros" que
produjese la contemplación de las mismas, peregrinos
procedentes de toda la fachada atlántica, llegan a través de
los puertos de Avilés, LLanes, Villaviciosa
o Ribadesella, comenzando un
próspero comercio con Bayonne, La
Rochelle, Nantes, la bahía de Bourgneuf, ...
Esto ayudó a vitalizar la
demografía, el comercio, la artesanía, el arte y la cultura,
así como a explicar la presencia en la Villa, de un merino
franco y la constatación documental de personajes ligados al
comercio como un tal Martinus Breton (1.223)
o el hecho de que uno de los Patronos sea Santo Tomás
de Canterbury.
El rey
Alfonso VI el
Bravo de castilla y León concede en el año 1.085 a
la Villa de Avilés el
Fuero de
Sahagún (confirmado en 1.155 por su nieto, el rey
de León y Castilla,
Alfonso VII el Emperador), un
fuero por la lealtad de este pueblo a los soberanos en contra
del poder feudal de la nobleza y la iglesia:
karta stabilitatis vobis et ville vestre de illos foros per quos fui
populata villa de Abillés...
Este fuero dictado para todo
vecino, grande o pequeño, infanzón, potestad o conde,
estructurado en 43 artículos y firmado por el propio Rey junto
con su esposa Sancha y sus hijos Sancho, Fernando
y Urraca, en León, configura el carácter
institucional, lo que le supuso valiosos beneficios sociales y
económicos. La Villa se fortificó y comenzó a desarrollar una
gran actividad comercial, que la convirtió en la segunda
población de Asturias. A ello contribuyó también la estrategia
de su abrigado puerto, que por entonces y durante siglos, fue
el más importante de la región y uno de los más activos del
área atlántica de la época.
El fuero es un cuerpo, una doctrina jurídica en el espíritu de la igualdad y la justicia:
- Delante de la ley todos son iguales: En la villa del rey no haya vasallo sino del rey.
- Libre, absoluta e ilimitada facultad de testar, pero dando al hijo a mano alguna cosa.
- Obligación en el novio, cuando pedía la novia a sus
padres, parientes o amigos, de librarle carta de arras,
que se había de autorizar por el concejo.
- La prueba del hierro candente, para las deudas
inciertas, para las demandas de créditos por herencia; y
también en el caso de hurto, a fin de librarse de la
acusación el delincuente; pudiendo entonces llevar por la
mujer el hierro, o si no lidiar en abierto campo, el
marido, hijos o parientes.
- Exactitud y fidelidad en los pesos y medidas
- Aseo y limpieza en las calles.
- Dos merinos (representantes del rey como agentes del
fisco) de nombramiento real y a satisfacción del concejo,
vecinos de la villa, el uno castellano y el otro franco.
- Contribución por ocupar, vender y comprar los solares,
por habitar casa y tener horno.
- La inviolabilidad del domicilio: La casa un
sagrado; entrar en ella con violencia, el mayor crimen;
afrentarla un delito.
- El derecho a la intimidad.
- El derecho a la propiedad para disponer libremente de
sus bienes.
- Ningún avilesino puede ser obligado a ir a la guerra: Exención
de ir a la guerra mientras el mismo rey no saliese a lid
campal o se viera cercado.
- Se establecen multas
- Se instituye la policía urbana.
- Permite el duelo y desafío cuando la sentencia del juez
no satisfaga: El desafío y lid particular
decidiendo pleitos y satisfaciendo agravios, en
determinadas circunstancias.
- Los avilesinos pueden ir desde la Villa a otras ciudades
sin pagar portazgos por trasportar mercancías de un pueblo
a otro: Franqueza y libertad para no dar portaje
ni ribaje desde la mar hasta León.
El fuero es de una sola hoja,
compuesto de dos muy gruesos y desiguales pergaminos,
empalmados y cosidos fuertemente con una correa. Su longitud
por el lado izquierdo es de 1,233 y por el derecho de 1,226.
Su anchura en la parte superior es de 0,450 y en la inferior
de 0,446. Todo el texto, está escrito en una sola columna
descomunal de 114 renglones, muy separados entre si los 10
últimos.
En su aspecto lingüístico, el
fuero fue considerado, durante mucho tiempo, como el monumento
escrito en romance más antiguo de España, hasta que
consiguieron datarse el "Cantar del Mío Cid",
las "Glosas Silenses" y las "Glosas
Emilianenses". No por ello dejó de tener el gran
prestigio de texto romance peninsular, ya que en el, se
encierran particularidades dialectales y sobre todo una mezcla
extranjerizante. Su redacción no es totalmente provenzal, ya
que quien lo redactó (un foráneo), buscó acomodar su modo de
expresión al lenguaje regional en el que habitaba. El
lenguaje, la construcción sintética, la forma peculiar de
muchos de sus tiempos verbales, así como la conservación
vocálica sin derivar a la diptongación, de nuestra carta
magna, revelan su primitivismo al igual que en los escasos
textos conservados del siglo XII o posteriores, como son el "Auto
de los Reyes Magos", el "Fuero de Madrid",
la "Disputa del Alma y el Cuerpo", y el "Cantar
del Mío Cid".
A finales de este siglo, los
Merinos mayores de Galicia, Asturias, León y Castilla
ejerciendo en sus respectivas merindades jurisdicción
civil y criminal y los funcionarios públicos que las
escrituras de aquellos tiempos llamaban Potestades
Dominantes y Señores revestidos de un poder
político y militar, menguaron en parte el de la Corte
o Concilio considerado únicamente
como Tribunal Civil.
El 15 de enero de 1.186, vino
por donación de Fernando II la tercera
parte de los pechos, derramas y multas de la villa y del
tributo llamado navaje, que se pagaba en su puerto.
Alfonso IX y
Doña Berenguela, el 23 de abril de 1.199,
conceden a la silla ovetense, la quinta parte de los
fogares
y
calumpnias de
Sabugo;
prohibiendo que nadie, fuera del obispo de Oviedo, pudiera
fabricar allí otra iglesia.
Siglo XII
Al inicio del siglo XII se
habían agravado considerablemente los males de la nación con
las funestas desavenencias entre Alfonso VII y
su madre Doña Urraca. Como funesto resultado
de las guerras civiles, ni había seguridad en los caminos
públicos, ni la propiedad se respetaba, ni el Santuario mismo,
violado frecuentemente, ofrecía un asilo seguro a la virtud.
El año 1.115, el Obispo Pelayo, persuadido
de que sólo el desaliento y desunión de los buenos constituye
la fuerza y la osadía de los malos, reunió contra ellos en la
Iglesia de S. Salvador de Oviedo y en la
fiesta de Pentecostés, una gran junta compuesta de personas
distinguidas y otras menos visibles de los principales pueblos
de Asturias (Tineo, Lagnero-hoy
Llanera-, Maliao-hoy Villaviciosa-, Colunga,
Cangas, Aguilar, Lena,
Alier-hoy Aller-, Arbolio-hoy
Arbas-, Gordón y Alba),
y de su Conde o Gobernador Suario:
Omnium sancte crucis filiorum presentium et futurorum memoriæ
tradere statuimus, latronum sacrilegorum et diversi generis
maleficiorum in Asturiarum partibus nimiam et execrabilem
malitiam olim prævaluise plerisque temporibus. Ad quam
destruendam et quæ Sanctæ Ecclesiæ profutura erant ædificanda,
Era MCLIII.
apud Ovetum in Ecclesia Sancti Salvatoris
congregatis, principibus et plebe totius pridicte regionis in
die sancto Pentecostes, Spiritu Sancto administrante,
Presuleque prædicante et monente hec intercetera placita
omnibus in com mune primum se obtulit sententia.
Los tres artículos que
entonces se establecieron y que la reina Doña Urraca confirmó
mandando los observasen y jurasen todas las personas de su
reino produjeron los más felices resultados. De la influencia
que debieron tener en el bienestar y seguridad de los pueblos
puede juzgarse por la general aceptación que han merecido. Doña
Elvira y Doña Teresa hermanas
de la reina ordenaron a su ejemplo que sus súbditos las
jurasen y adoptasen. La misma conducta observaron en seguida
la reina Doña Urraca y su hijo D. Alonso, y
después D. Ramiro y su hermano las
extendieron al reino de Aragón. De este modo se han hecho
generales casi a todas las monarquías de España, como se
expresa terminantemente en el Concilio de Oviedo algunos
años después de la celebración de la Junta General
del Principado.
Avilés en esa época era una
villa de escaso vecindario, encerrado en sus murallas, con su
rollo en la plaza. Fuera de esos baluartes, sus grandes
puertas arqueadas daban paso a grandes bosques en
Galiana,
San Martin, tras de
San Francisco
y
La Tejera.
Entre los años 1.120 y 1.130
se construye la muralla que rodea toda la villa, quizás antes
ya existían otros muros alrededor del pueblo y con el
florecimiento económico quisieran guardar mejor sus mercancías
de posibles ataques, y levantaron la muralla como defensa.
La muralla (autentica plaza
fuerte, ya que disponía de puertas protegidas por barbacanas,
como se refleja en el primer libro de actas municipales que se
conserva en el
Archivo de Avilés) tenía un perímetro
aproximado de 800 metros y abarcaba una superficie de 41.000
metros cuadrados, el Avilés amurallado de la edad media se
componía fundamentalmente de tres calles, que configuraban una
especie de hache, la de
La Ferrería,
La Fruta y la que unía estas dos, que
era la
Calle del Sol. La muralla
disponía de cinco puertas:
-
Puerta de Cabruñana o Puerta de la Cabra se encontraba situada al fondo de la Calle de San Bernardo.
-
Puerta de Cimadevilla o Puerta de la Torre del Reloj, estaba situada a la entrada de la Calle de la Fruta.
-
Puerta del Alcázar, se encontraba a la entrada de la Calle de la Ferrería.
-
Puerta del Puente, porque comunicaba Avilés con Gozón, se situaba donde estaban los antiguos alfolíes.
-
Puerta del Mar o Puerta de la Mar porque justo detrás de esa puerta se encontraba el mar y era la que abrían para que entrasen los barcos mercantes. Un puente de madera, permitía el paso al Barrio de Sabugo.
Fuera de la muralla, al sur
nace el
Barrio de Rivero.
Discurría cerca de la Riva avilesina, que antes llegaba hasta
las inmediaciones de la calle y cubría gran parte de lo que
ahora es Avilés. De ahí el nombre de
Rivero,
ya que estaba situado a la ribera de la ría. Fue zona de
artesanos, como otras muchas calles de la Villa. En esta época
los gremios ya están bien formados:
El conde asturiano Gonzalo
Peláez se rebela contra el rey Alfonso
VII en el año 1.132. El conde se hace fuerte en el
Castillo de Gauzón y en otras fortalezas
asturianas, triunfando los ejércitos reales.
En 1.140, el rey Alfonso
VII concedió el señorío de Avilés al noble Arias Peláez.
En enero de 1.155 el rey Alfonso
VII confirma el fuero, se hace entonces una nueva
copia en asturiano, siendo este el primer documento que
encontramos en nuestra lengua. El pergamino (una de cuyas
copias, data de 1.289, se conserva en el Ayuntamiento) también
es uno de los más antiguos testimonios de nuestro idioma, por
su redacción en romance, donde se armonizan formas
lingüísticas asturianas y provenzal, lo que hace de él un
excepcional documento en la evolución del castellano.
Numerosos especialistas, con Menéndez Pidal a
la cabeza han investigado el documento y señalan que es de los
códices de mayor singularidad idiomática.
En el año 1.181, mientras
Avilés alcanza el rango de nueva capitalidad del territorio,
el
Castillo de Gauzón, el
Monasterio de Santa María de Raíces (situado
a los pies del
Peñón de Raíces, erigido sobre una iglesia
prerrománica) y su coto, son cedidos a la importante Orden de Santiago por
Fernando II, que lo posee hasta su ruina en el siglo XV.
El 14 de Enero de 1.188, el
rey Fernando II concede a la iglesia
Ovetense y a Rodrigo (su obispo) la tercera
parte de Avilés y de los derechos sobre su tráfico portuario.
Tales derechos serían hereditarios para los sucesores de la
sede episcopal:
«Hereditario iure concedo ecclesie Sancti Saluatoris de Oueto
et uobis domno Roderico eiusdem loci episcopo et ómnibus qui
in eodem episcopatu successerint, terciam partem de Abilies
cum suis directuris et pertinnenciis, cum tercia parte de
nauage ipsius portus».
Avilés durante el reinado de
Alfonso IX progresó de forma cierta,
consolidó con su mandato el elemento económico que garantizará
la importancia urbana de La Villa, durante esos años y los
venideros; el alfolí de la sal, este depósito avilesino
(concedido al mismo tiempo que los de Llanes,
Villaviciosa y Luarca)
es, sin duda el mas antiguo de Asturias y sus noticias
aparecen con el inicio del reinado del monarca, en 1.188. Es
el mismo rey quien se da cuenta de la importancia económica
que generaba el almacén de sal, de modo que Avilés se
convirtió en esos años en fuente de ingresos para el Real
Tesoro. La "sal blanca" llega de Bretaña
y Francia para distribuirla por
Asturias, León y el interior de Galicia. Al principio se
almacenó en San Juan de Nieva, pero por
miedo a que estuviera mal protegida, se pasó dentro de las
murallas a los alfolís (almacenes para la sal). La sal se
empleaba para la salazón del pescado.
A finales del siglo XII se
levanta la Iglesia de
S. Nicolás de la Villa,
quizás aprovechando el lugar que ocupara el templo románico de
San Juan Bautista, de estilo románico, la
fachada principal no sufrió ninguna reforma, lo que hace que
sea el edificio más antiguo de Avilés que llego a nuestros
días. Conserva señas de la identidad histórica avilesina, como
la pila bautismal, un capitel de alabastro al que muchos
expertos señalan como uno de de los pocos vestigios del
dominio del
Imperio Romano en el Avilés de
principios de la era cristiana.
En el siglo XI, Fernando
I, autoriza la creación de las Cofradías
de Pescadores. Su nacimiento está vinculado a la
dificultad de la vida del pescador y a la utilización de unas
embarcaciones frágiles, con evidentes peligros para las vidas
de los tripulantes. De este hecho parte la creación de
Socorros Mutuos, con el fin de prevenir
dificultades y afrontar situaciones irremediables. Se las
denominó cofradías por estar inspiradas en congregaciones
religiosas y bajo la advocación de algún santo.
No se sabe a ciencia cierta
en qué fecha concreta nació la de Avilés pero se deduce que
entre los siglos XII y XIII. El puerto de Avilés estaba
inmerso en un amplio arco comercial, que abarcaba desde el
cabotaje cantábrico hasta el comercio con el sur de la
Península y Portugal, norte de Europa y occidente de Francia.
Formaba parte de la llamada Hermandad de las Ocho Villas, que
integraba los puertos más activos del norte: Bayona (Francia),
Fuenterrabía, Bilbao, Santander,
Avilés, Ribadeo, La
Coruña y Bayona (Pontevedra).