Crónicas históricas
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Año 881 |
Crónica Albeldense |
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Año 883 |
Crónica Profética |
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Crónica de los Reyes Visigodos o Crónica de Alfonso III |
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Año 884 |
1ª Versión. Crónica Rotense |
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Año 885 |
2º Versión. Crónica Sebastianense, Ad Sebastianum, Erudita u Ovetense |
Otras crónicas o Cronistas |
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Año 1.000 |
Sampiro |
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Año 1.110 |
Monje anónimo de Silos |
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Año 1.180 |
Pelayo, obispo de Oviedo |
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Año 1.180 |
Crónica del Emperador Alfonso VII |
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Año 1.180 |
Monje anónimo de Nájera |
Durante el reinado de Fernando el Santo (1.217-1.252) se escriben: |
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Año ?.??? |
Chronicon Mundi, de Lucas, obispo de Tuy |
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Año ?.??? |
Crónica latina de los Reyes de Castilla, de Juan, obispo de Osma |
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Año ?.??? |
De rebus Hispaniae, de Rodrigo Jiménez de Rada |
Durante el reinado de Alfonso el Sabio (1.252-1.284), se escribe en castellano, la primera recopilación de todo lo anterior. |
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Año ?.??? |
Historia de España o Primera Crónica General |
La
Crónica Albeldense,
llamada también
Epitome Ovetense, se redactó
en 881, en Oviedo. Se centra (de forma innovadora en el campo de
la historiografía asturiana) en una historia universal en la que
se describen las edades del mundo y se resume la historia de los
Godos, siempre según
Isidoro de Sevilla. Al
Ordo
gentis Gothorum se hace seguir una historia de la
monarquía asturiana: el
Ordo Gothorum Obetensium regnum.
Se cree que fue confeccionada por un eclesiástico llamando
Dulcidius
o
Dulcidio, con supervisión directa del propio
rey. Por ello, tiene el sesgo goticista propio de las últimas
décadas del Reino de Asturias. Comienza narrando la historia de
Roma, pasa por los reyes visigodos y, por último, habla de los
reyes godos asturianos, desde
Pelayo
hasta
Alfonso III.
La primera versión se acabó de escribir en el año 881, pero más
tarde se le añadirían dos grandes párrafos referidos a los años
882 y 883, acabando la crónica en noviembre de ese año.
El nombre de Albeldense le viene del códice del Monasterio
de San Martín de Albeada en Albeada de
Iregua (La Rioja), copiado y continuado por el monje
Vigila o Vigilán hasta el año 976.
La versión más completa que se conserva de la crónica se
encuentra en la Real Academia de la Historia y
es un manuscrito procedente del Monasterio de San
Millán de la Cogolla que data del año 951
aproximadamente.
De la
Crónica de Alfonso III, la primera
versión es la
Crónica Rotense,
apareciendo posteriormente la
Crónica
Ovetense. El fin de estas dos crónicas era
demostrar el continuismo del Reino Visigodo en el Reino
Asturiano. Se trata de documentos históricos o crónicas que
abarcan desde el reinado de
Wamba,
rey visigodo, hasta el final del reinado de
Ordoño
I, rey asturiano.
- La versión Rotense
(posterior al año 884), escrita en un ambiente cortesano,
muy posiblemente por el propio Alfonso
III, no hace mención del final del mundo
musulmán y si incide en la política progótica de Alfonso III y su
creciente expansión repobladora.
- La crónica Ovetense,
Ad Sebastianum,
Erudita o
Sebastianense,
hace mayor hincapié en la línea de considerar a Pelayo como sucesor de
los Reyes de Toledo, es decir del Reino Visigodo. Esta
versión está realizada con un estilo más elaborado y en un
latín culto. Su redacción fue corregida probablemente por un
Sebastián, obispo de Arcábica y, más tarde,
de Orense. Su contenido es más proeclesiástico, si bien
ambas redacciones están influidas por las corrientes
neogoticistas de la Crónica
Albeldense
Este ciclo historiográfico creado al amparo de la corte alfonsí
sería posible merced al creciente apoyo e intercambio comercial,
cultural y artístico, fomentado, desde la corte asturiana, con
los mozárabes pertenecientes a las comunidades de Córdoba y
Toledo. De esta forma, la circulación de manuscritos
científicos, o de carácter eclesiástico, por ejemplo, guardados
en bibliotecas del sur de España, experimentó una mayor
intensidad a mediados del siglo IX con la emigración de
cristianos hacia el norte, tanto al reino de Asturias como a
otros reinos de la Península y zonas ultrapirenaicas.
En este marco, y en torno a
Alfonso
III, se crea un propicio ambiente para el
fomento de las actividades artísticas, ya iniciado en la corte
de
Alfonso II,
pero que, ahora, alcanza un notable “renacimiento cultural”.
La
Crónica Albeldense califica
a
Alfonso III como
scientiae clarus en evidente referencia a
sus inquietudes artísticas y al espectacular florecimiento de
las artes, las letras y las diversas actividades culturales
propiciadas por su corte.
El prestigio alcanzado por
Alfonso
III se verá reflejado en el título que, al
final de sus años, recibirá en los ámbitos palaciegos:
Magnus
Imperator e
Imperator Noster.
Reafirmación monárquica que no va a impedir que, con el
aumento de la fuerza y presión de la nobleza, fruto de la
expansión territorial en la región leonesa y en la
galaico-portuguesa, se produzca, en el seno de ésta, una
progresiva tendencia a la independencia del reino.