Siglos XIII-XIV


Siglo XIII


Empezando el siglo XIII se construye la Iglesia de Santo Tomás en el barrio de Sabugo, para atender las necesidades religiosas del único barrio extramuros del Avilés medieval. Conserva el ábside original y el conjunto es de estilo románico y la transición al gótico, es decir el protogótico.

Dice la tradición que la primera comunidad franciscana en Avilés la fundó Fray Pedro Competer (alumno de San Francisco) en la primera mitad del siglo XII. El monasterio estaba rodeado de árboles, apartado de la muralla de la Villa, quedando así oculto por la naturaleza hasta bien entrado el siglo XVI, por esa razón se llamaba el Convento de S. Francisco del Monte.

Para la fábrica del Monasterio de Valdedios, situó la reina Berenguela una renta anual de cien maravedíes sobre el portazgo de Avilés, en 1.202. En 1.220 se produjo otra más sobre las salinas.


El elemento fundamental de todo señorío monástico, el coto, lo otorga Alfonso IX a Valdediós en un privilegio dado en la villa de Avilés en 1.220, en el que se delimita mediante concretas referencias geográficas un territorio de unos 7 km. cuadrados en el que el monasterio tenía pleno control:

"...incauto monasterium Sancte Marie de Valle Dei per istos terminos, videlicet per furcam de Ervazal et quomodo venit per caminum ad ecclesiam Sancti Petri de Ambas, et descendit in directum ad regum de Arpol, et quomodo dividitur hereditas Sancti Saturnini cum Tirias...".

Ese mismo año, Alfonso IX también concede a Valdediós en cartas fechadas en Abeliés el 20 y 22 de marzo uno de los más importantes privilegios que tendrá el monasterio, el del disfrute de una renta anual de 500 maravedíes sobre los derechos reales del monarca en la sal de Avilés, confirmado en 1.231 por Fernando III en un documento de máximo interés para conocer la marcha de las obras de construcción del monasterio, puesto que en él se destina esta renta a la financiación de la obra:

"...quingentos morabetinos annuatim in villa de Abilles de renda salis, quos pater meus prius mandavit ad opus et laborem ipsius monasterii..."

En 1.222, Alfonso IX hizo donación a los Caballeros de Santiago, del Cillero Real de Candamo y del Alfoz de Castrillón que estaba junto al castillo.

En 1.226, aparece la Villa en una carta real de Alfonso IX, entre las principales ciudades de Castilla.

Alfonso IX visitó la villa entre los años de 1.220 y 1.227.

En 1.232 aparecen documentados los molinos de marea, que aprovechaban la fuerza de las mareas para mover sus muelas. Son los primeros conocidos en toda la península. Situados en una zona marismeña entre la villa y sabugo (mas o menos donde se encuentra la Plaza de los Hermanos Orbón o Plaza de las Aceñas, nombre que en Asturias siempre ha designado un molino de mar).

En 1.232, la poderosa orden militar de los Caballeros de Santiago, se querellaba ante el pontífice Gregorio IX contra María Pérez, viuda de García González, de León, por haber usurpado el Castillo de Gauzón.

También en 1.232, el abad de la Abadía de Arbás del Puerto, emite una escritura en la que dice:

"plecto con omes de Abeyes, con Fernando Monte e con Juan Berringuel, e arrendámosles el puerto de Entre lusa, con sus exidas en con sus entradas e con sus derecturas; e que nos den, de cuantas balenas mataren que a terra vengan, tantos 20 maravedís de cada balena e suas costumres: e ses por ventura tal balena mataran que non valga esos maravedís, denlo tercio de la balena: et de la balena que hayen ena mar muerta, dale el cuarto dela"

En 1.234, Fernando III ratifica los derechos de la iglesia Ovetense sobre la tercera parte de Avilés y su tráfico portuario. Esto hace que el auge comercial de la Villa entre los siglos XII y XIV estuviese íntimamente ligado al tráfico de mercancías con destino Oviedo, lo que producía continuas disputas vinculadas con la contribución que imponía cada uno de estos concejos.



El origen de nuestro escudo


En mayo de 1.248 el marino avilesino Ruí Pérez entra con sus dos naves, remontando el Guadalquivir, en la ciudad de Sevilla, que se encontraba gobernada en ese momento por Abul Hassan. Las proas de los barcos iban herradas con sierras para cortar las cadenas y puentes de lanchas que habían puesto los árabes para cerrar el paso a la flota cristiana, formada por gallegos, asturianos, cantabros y vascos bajo el mando del almirante Bonifaz.

Por conquistar Sevilla a los moros, Fernando III concede como premio a Bonifaz y Ruí Pérez un escudo de armas lo mismo que a sus pueblos, Santander y Avilés. Este escudo representa dos torres unidas por unas cadenas y un barco cristiano rompiéndolas.


A mediados del siglo XIII, la actividad mercantil dentro de la villa se realizaba a través del Azogue o mercado diario, situado en la "cale de la zoge" muy cerca de "la ponte que va de Abillés para Sabugo".

En 1.255 Pelayo Menéndez ordena a los jueces de Gozón que paguen al Monasterio de San Vicente el portazgo del pescado, según había ordenado el Merino Mayor Gonzalo Morán.

Extranjeros atraídos por el auge mercantil se establecen en la Villa, destacan los francos que han dejado una huella, largamente estudiada. Junto a los oriundos de Francia, se detecta nombres de otros lugares del noroeste de Europa (la presencia judía queda certificada con la mención en un documento de 1.255 de un tal Johan Salomón de Sabugo).

En 1.266, Martín Peláez de Trullés, asiste como testigo, al acto por el que Pele Miguélez de Juncedo y su mujer, son reconocidos como vecinos del concejo de Avilés.

Se conservan cartas de avecindamiento desde el año 1.266 escritas ya en romance y en las que solo una mención a testes recuerda el latín.

Entre 1.267 y 1.274, los frailes franciscanos se instalan en una zona extramuros de la villa y construyen una iglesia de la que solo se conserva la fachada norte. La iglesia fue reformada a partir de 1.670 y se construyen las capillas de Santiago y del Espíritu Santo.

Existe un documento de 1.269, sobre el intento de las monjas de San Pelayo de Oviedo (que tenían otorgado por el rey, el portazgo de Olloniego), de hacer pagar a los vecinos de Avilés. La villa opuso resistencia, mostrando la carta del Principe, donde se indicaba que eran libres del tributo. El 3 de diciembre de 1.269, Alfonso X el sabio emite en Toledo un documento a la abadesa de los conventos de San Pelayo y Santa María de la Vega de Oviedo:

"que no exijan portazgo en Olloniego a los vecinos de Avilés, por cuanto están exentos de pago desde tiempos de su padre y abuelo cuando menos"

El 30 de abril de 1.274, un Infante de Castilla, D. Alfonso, hijo de Alfonso X, puso pleito sobre exención de pago por el citado concejo del portazgo de Oviedo, que el Rey Sabio falló a favor de Avilés:

"Et yo vistos los dichos de las prouas... fallé et mandé por juyzioi que los vezinos e moradores de Abillés... non díen portage en Oviedo...

Dada en Valladolit postrero día del mes de Abril, era de mille e treszientos e doze años"

En 1,274, Alfonso X emite un privilegio para que los vecinos de Avilés no paguen portazgo en Oviedo.

Y el 20 de diciembre de 1.281, el mismo rey emite otra carta para que no se pase contra el fuero (llamado a partir de entonces Fuero del Emperador), sobre que no diesen portazgo aquellos vecinos.:

"Alfonso X ratifica la exención del portazgo, desde la mar hasta las puertas de León, que poseen los vecinos de Avilés, en virtud del fuero del Emperador... exceptuados los derechos de la Iglesia de Oviedo.

Dada en Sevilla, veynte días de Dezembre, era de mille CCC e diez e nueve años"

En 1.277 Salas ya ejerce vida municipal firmando la carta de hermandad con los concejos de Avilés, Pravia, Grado, Somiedo, Valdés, Tineo, Cangas y Allande, teniendo este acontecimiento lugar en La Espina, para garantizar el orden público y la protección de sus intereses frente a la ambición de las entidades monásticas de mayor peso en la comarca, que desde el siglo XIV comienzan un pausada decadencia, en favor de una nobleza laica que asume la defensa y administración de los bienes y derechos del monasterio, en régimen de encomiendas



El pacto con Oviedo


Oviedo y Avilés hacen un pacto en 1.282, Avilés no cobraría tributos a sus vecinos ovetenses, por trigo, cebada y vino desembarcados en las calles de La Villa:

"No se cobrará en la Villa ningún tributo sobre el vino, alimentos y otros artículos que trajeran los vecinos de la capital, que han de ser libres como en tiempos de los reyes Alfonso y Don Fernando"

En 1.285, 1.287 y 1.289, el Merino Mayor exime a los vecinos de Avilés de ciertas penas judiciales.

En 1.286, el Concejo de Avilés arrendó a su vecino Juan Rol, de procedencia francesa, el diezmo de la madera que circulase por el puerto, por 100 libras anuales, en un documento totalmente en romance. En el documento se recogia ademas que dicha renta habia sido concedida con una duracion de 5 años por el rey D. Sancho IV "para la Çerca de nuestra villa". Esto indica que se estaba construyendo la muralla en ese momento, o se estaba reparando.

Hacia 1.289 la gente de Avilés rompe el pacto de 1.282 con Oviedo y niega el desembarco de las telas procedentes del puerto francés de La Rochelle para los comerciantes de Oviedo, empezando una gresca que dejó varias victimas de los dos bandos.

En 1.289, Sancho el bravo que, viendo confirmado por su padre Alfonso X el fuero, lo copia integro y lo otorga y confirma, para que sea guardado firmemente.

Surcada por el río Magdalena o Villa, la parroquia, "conocida como La Magdalena de Corros", tuvo antaño una importante cabaña ganadera. En su territorio (al parecer, en Castañeda) se asentó una malatería u hospital de leprosos, denominada de Corros, de la que se tiene constancia documental desde este año de 1.289 (este nombre de Corros posiblemente tenga su origen en las celdas, chozas o pequeñas casas en que se albergaba a los leprosos) y que dejó de funcionar a mediados del siglo XVII.

En 1.291, Sancho IV a petición del concejo de Avilés, autorizó que los caballeros y escuderos que vivían en los concejos vecinos de Gozón, Carreño, Corvera, Illas y Castrillón, fueran recibidos como vecinos de Avilés y sujetos a sus fueros, con las ventajas que ello reportaba.

En Valladolid, el 4 de abril de 1.299, Fernando IV, con consejo de su madre D.ª María de Molina y su tutor el Infante D. Enrique, exime a Avilés del pago de portazgo en todo el reino, salvo en Toledo, Sevilla y Murcia, así como del peaje y anclaje a sus naves, para que pueda resarcirse de los daños que sufrió por parte del Infante D. Juan y sus seguidores:

Por fazer bien e merced a vos el conçeio e ofiçiales e omes uenos de la villa de Abillés, por mucho seruiçio que nos fezieron e fazen, e por que puedan auer cobro de los males e de los daños que resçebieron del Infante Don Iohan e de los otros que son a nuestro deseruiçio...

De 1.299 existe un documento para que ningun juez pueda venir con salario a la villa, a no pedirlo esta; y que a las justicias de ella sea licito proceder conforme a su fuero, y entrar en cualquier coto y tierra de señorio en persecución de delincuentes. Lo cual fue dispuesto en hermandad con Oviedo, Lena y Grado.

A finales del siglo XIII, Avilés contaba con unas 300 familias: 1.200 habitantes, aproximadamente.



Siglo XIV


Comienza el "siglo de las fames", con brotes de peste, guerras, ...

En 1.305 Fernando IV y su mujer doña Constanza emiten un Privilegio en las Cortes de Medina del Campo, mandando guardar a los vecinos de Avilés el fuero del emperador para "no dar fonsadera, ni ir en fonsado".

En el año 1.309 el rey Fernando IV, dona por alfoz (es decir, territorio rural dependiente de la Villa), las tierras de Gozón, Carreño, Corvera, Illas, Castrillón, territorios en los que tendría vigencia el fuero, eximiendo además a la Villa del pago de portazgos y navazgos y de los servicios y contribuciones de guerra. Una vez más, la lealtad de los avilesinos al monarca durante su minoría de edad, y ante las acometidas de la nobleza y de su propio tío el Infante Don Juan (que en sus correrías por León y Asturias llegó hasta Avilés), se vio recompensada.

En 1.312, Gonzalo Gutiérrez y su mujer Juana Estébanez donan al Monasterio de San Vicente diversas propiedades en el alfoz de Oviedo, las reliquias de una capilla y dos casas en el interior del recinto amurallado de Avilés, siendo una de ellas, la que llaman "La gran tienda de la sal".

En 1.316, Avilés, Oviedo, Grado, Pravia y Salas se otorgan carta de hermandad, con sus alfoces, para defenderse de las violencias de Gonzalo Peláez Coalla.

Alfonso XI en 1.318 mediante Privilegio, confirma el que su padre Fernando IV había dado nueve años antes otorgando por alfoz los concejos de Carreño, Castrillón, Illas y Corvera. A partir de entonces, los hombres de la tierra de Gozón debían pechar 600 maravedíes, los de Carreño 1.200, los de Corvera 660, los de Castrillón 600 y los de Illas 300.

Avilés era la segunda ciudad mas importante de Asturias, el puerto mas importante de la región y uno de los más importantes cantabro-atlántico, un centro económico de primer orden que le permitirá establecer relaciones comerciales con otros puertos europeos (Hastings, Sandwich, Dover, Hythe, New Romney) a los que exporta madera, telas, pieles, hierro, forjados, vinos del Bierzo y de Ribadavia y azabache e importa sal blanca, paños, bacalao, cueros, etc.


Las costas del sur de Inglaterra y el Mar de Irlanda eran bien conocidas por los marineros de Avilés pues llegaban con sus barcos a faenar a estos caladeros. En el reinado de Eduardo II de Inglaterra (1.307-1.327), se presentan quejas por el comportamiento de navíos avilesinos, que después de estar largo tiempo faenando sin conseguir capturas, se adentran por el Támesis hasta llegar al pueblo de Richmond (cerca de la localidad de Greenwich) para hacer "razias" y apoderarse de alimentos y animales.

Durante el reinado de su sucesor, Enrique III (1.327-1.377) y con el inicio de la guerra contra Francia (Guerra de los Cien Años), también se reciben quejas por enfrentamientos con navíos avilesinos y de otros puertos cantábricos.

En 1.329 Alfonso XI, Privilegio insertando y confirmando el de 1.305, dado por su padre.

En 1.331, María Yáñez, hija de Juan Peláez de las Alas y de Juana Alfonso, y mujer de Fernán Martínez, reconoce que en el testamento de su padre se legaba a ella y a sus hermanos Pedro Yáñez y Juana Alfonso la suma de 6.000 maravedíes, "e la casería de Laranes, assí commo la lavrava Alffonso" y unas viñas en el arrabal avilesino de Rivero.

1335. Tres confirmaciones de Alfonso XI sobre la obligación de pechar en aviles, impuesta a Gozón, Corvera, Illas y Castrillón.

1339. Alfonso XI confirma la exención de portazgo concedida en 1299 a la villa

En 1.348, Asturias sufre una epidemia de peste.

En 1.348 se celebró un pacto (convenio o conveniencia) entre Illas y Avilés que termino con las grandes desavenencias, incendios, querellas y muertes que llegaron a ocurrir entre unos y otros. Los de Illas se vieron obligados a ser:

"buenos vecinos suyos, leales et verdaderos de aqui adelante et para sempre, bien et lealmente a bona fed sin mal enganno, y comprometiéndose a que los hombres buenos de Illas nombrasen anualmente a su alcalde y a distribuir los pechos y tributos en justa y debida proporción; dispuestos unos y otros a olvidar y perdonar los yerros, quejas, querellas, incendios y muertes pasados".

En 1.350, María Rodríguez, monja en el ovetense Monasterio de Santa María de la Vega, y su hermano Diego Rodríguez, realizan un intercambio por el cual la monja entrega a su hermano una viña en Sabugo, recibiendo a cambio la parte o porción que le correspondía a su referido hermano en "los heredamientos, techos e lantados que son en conçello de Corvera, en lugar que dizen Trullés, e en sos términos".

1.351. El rey D. Pedro confirma la exención de 1305, robustecida por la declaración de 1329.

1.352. El mismo, disponiendo por carta que Avilés no le pague los 600 maravedies que le debe de un yantar, excepto cuando viniese en persona a la villa.

1.357. Privilegio del rey D. Pedro, quien dice que:

Por razon que el Concejo de Avillés se le enviara a querellar de muchos desafueros y daños y males que recibian de los adelantados y merinos que por él andaban en las merindades de asturias (por la cual razon se despoblaba la dicha villa y venia a él de ello gran deservicio); y por esto y por guardar la dicha villa de aviles y a los que en ella moraren, de daño y de mal; por muchos sevicios y buenos que los de la dicha villa de aviles hicieran a los reyes de donde él venia y señaladamente al rey D. Alfonso su padre en los sus menesteres, e hicieron y hacen a él de cada dia; y por les dar galardon de ello, porque la dicha villa se pueble mejor para su servicio -tiene por bien y manda que de alli adelante no entren en la dicha villa de Avillés adelantado ni merino a merinar, ni vayan los vecinos ni moradores de la dicha villa a sus emplazamientos ni llamamientos ahora ni de aquí adelante

Fácil es que, una villa tan principal, se viera implicada en la caótica situación que, muchas veces desde Asturias sufrió la corona castellana, asediada por intrigas, levantamientos nobiliarios y guerras civiles abiertas entre los siglos XIII al XV, y en los reinados de Alfonso X (1.312-1.350), Pedro I (1.350-1.369) y Enrique III (1.390-1.406).

Avilés intentó conservar todos sus privilegios, enfrentándose siempre a la nobleza, cuya importancia iba cada vez a más, apoyándose en un proceso de acumulación de territorios y de formación de señoríos. Avilés se mantuvo siempre fiel al lado del monarca legítimo.

En 1.367 (12 de las calendas de Noviembre era de 1405), Pedro el Cruel, a través de su criado Suer Pelaez, ordenó crear la Confederación de Santa Maria de la Vega (extramuros de Oviedo) para sostener la causa del rey contra Enrique Conde de Trastamara. En un momento de entusiasmo, los concurrentes a la Junta (pertenecientes a un gran número de pueblos):

Quemaron las vainas de sus espadas, juraron a su Dios y prometieron a su Rey que del mismo modo consentían en ser reducidos a cenizas antes que allanarse a los secuaces de D. Enrique.

Que hasta someter la provincia a su Monarca, ni dejarían las armas, ni desistiendo de su propósito regresarían a sus hogares, ni harían más comida ni bebida que pan, baca y agua; que no hablarían a los traidores; que no les darían ni sustento ni fuego ni lecho, y que allanada la tierra y puesta a merced del Rey, se reunirían con él en Galicia para auxiliarle con toda su fuerza y poderío.

A la muerte de Alfonso XI lo que antes habían sido intrigas y escaramuzas se trasforman en una guerra civil en la que luchan su hijo legítimo Pedro I El Cruel, y su bastardo Enrique de Trastámara. Durante este violento periodo Asturias se ve envuelta de lleno en los hechos que decidieron la suerte del reino (en 1.369, lo coronan rey con el nombre de Enrique II).

La ciudad como siempre fiel al monarca, hubo de sufrir el rigor de las campañas ya que el de Trastámara quería hacerse con las ciudades para desde una posición de fuerza negociar con el rey. En el invierno de 1.352, primero Oviedo y luego Avilés, sufrieron un duro sitio. Pero las aspiraciones del Trastámara fueron a estrellarse contra las murallas de Avilés, logrando la ciudad resistir hasta la llegada de las tropas reales. Durante la estancia en la villa, Pedro I se hospedó en el Palacio de los Marqueses de Valdecarzana (el edificio civil más antiguo que ha llegado hasta nuestros días).

Entre los tesoros más sobresalientes del archivo municipal de Avilés, se encuentra el Privilegio o Fuero de Avilés, rodado con un sello de plomo que el rey Pedro I "el Cruel", concedió a la villa en el año 1.359.

Durante el reinado de este rey, suena por última vez en la historia el nombre del Castillo de Gauzón, pues fué donado por Rodrigo Álvarez de Asturias, padre adoptivo de Enrique de Trastámara (su poseedor) al Monasterio de Avilés.


En el año 1.362 surge un rebrote de la peste en toda Asturias.

En 1.378, se celebra una Junta General de los representantes de los Concejos de Asturias, acordando que en cada jurisdicción hubiese un Juez o Alcalde ordinario, y en Oviedo un Merino mayor y tres Jueces que con autoridad superior a la del Adelantado juzgaban formando un tribunal a la manera de nuestras Audiencias.

En 1.380 los franciscanos estrenan iglesia nueva, al lado del convento, el Templo de San Francisco, de estilo gótico.

En medio de las luchas protagonizadas por Pedro I y Enrique de Trastámara, las Cortes reunidas en Palencia en 1.388 instituyen el título de Príncipe de Asturias en favor del hijo y sucesor de Juan I, que reinaría como Enrique III, y de su futura esposa, Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I e hijo del Duque de Lancaster, hermano del rey de Inglaterra. En adelante el Principado de Asturias queda ligado a la Corona española como el Delfinado en Francia o el Principado de Gales en Inglaterra.

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