Avenida de Oviedo


En la segunda mitad del siglo XVIII se abre el nuevo tramo de la carretera de Aviles a Oviedo que unia la villa con el inicio de la cuesta del Vidriero, por donde entonces discurria la via. Formaba un paseo flanqueado de alamos elevado sobre terrenos bajos y propensos a la inundacion, que evitaba el rodeo que daba el anterior acceso. Estos paseos, en las afueras de las ciudades y villas, fueron frecuentes en la arquitectura de la Ilustracion, impulsada por el rey Carlos III, que ademas gustaba de adornar esos parajes con obras monumentales, tales como fuentes, postes leguarios, puertas, arcos y bancos de piedra.

Este es el origen de los Canapes de Aviles, construidos en el paraje llamado despues Entrecarreteras, donde aun hoy se conservan. Datan del año 1786 y son obra del arquitecto y escultor ovetense Jose Bernardo de la Meana Costales (1715-1790). Son dos bancos iguales, colocados uno frente al otro a ambos lados de la carretera, realizados en silleria, con asiento dividido en tres partes por apoyabrazos avolutados. De grandes proporciones, miden 11,67 metros de largo, 2,60 de ancho y 3,30 de alto. Ambos cuentan con una cartela con inscripción en la parte alta del respaldo. Según se sale de Aviles, el de la derecha pone:

"Reynando la magestad del Señor Don Carlos III se hizo esta obra". Y el de la izquierda: "A expensas de los propios y arvitrios de esta villa. Año de MDCCLXXXVI". Aunque en algun libro se dice que fueron construidos "con ocasion de la visita hecha a nuestra Villa por el rey Carlos III", no es cierto, ya que este monarca no estuvo nunca en Asturias ni, por consiguiente, en Aviles.

Estos monumentales bancos de piedra no han tenido demasiada suerte a la hora de ser citados por cronistas, viajeros o historiadores. El ingles Joseph Townsend viajo de Oviedo a Aviles el 21 de agosto de 1786 y escribio:

"La antigua carretera rodeaba alrededor de doscientos cincuenta pasos para evitar una pradera baja y pantanosa; pero ahora se han decidido a obtener, con grandes costos, una avenida recta y espaciosa de cerca de tres millas, como las de las otras ciudades".

Dado que este minucioso viajero no menciona los Canapés, hay que deducir que estos aun no habían sido colocados en su emplazamiento cuando paso por allí Townsend.

El unico escritor de la epoca que los cita es, naturalmente, Gaspar Melchor de Jovellanos, viajero infatigable por Asturias, que en su 'Diario Cuarto', correspondiente al sabado 14 de julio de 1792, dice:

"Salimos de Gijon a las cuatro dadas de la tarde. Sol fuerte, templado por el Nordeste (...) Parroquia de Trasona: lo bajo igualmente hermoso y poblado; lo alto como todo. Río de Martimbo y luego la bellísima parroquia de Villalegre, más poblada y con más señales de riqueza que las otras por su caserío. Nueva carretera, ancha y bien trabajada, plantada de alamos malos al principio, buenos y mejores después. Enorme y feo canapé en medio de un gran trozo de camino levantado sobre altísimos y fuertes paredones, y que debio por lo mismo ser muy costoso. Al salir de Villalegre se ve la hermita (sic) de Nuestra Señora de la Luz y la parroquia de Vidriero a la izquierda, y en ella la casa de don Ramon de Miranda Carreño. Al lado del camino, bellisimos prados y heredades. País delicioso por todas partes, aunque no pudimos observarle bien por ser ya de noche (...) Llegada a Aviles".

Es curioso este texto de Jovellanos. Se refiere, sin duda, a los Canapes, aunque los menciona en singular, y no le gusta el monumento, que le parece 'enorme y feo', ademas de costoso.

Mas recientemente, el arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo ('Arquitectura y arquitectos del Renacimiento en Asturias', 1951) escribe:

"A la entrada de Aviles, sobre la carretera de Oviedo, hay a ambos lados de esta, dos esplendidos bancos de piedra llamados canapes, que merecen ser citados por lo que significan en el arte o decoración de las carreteras y por su historia, a los que debiera prestarles la debida atencion el Estado, en evitacion de su total ruina, hoy ya bien acusada, al ser arrastrados por el desplazamiento de los muros posteriores sobre los que descansan y que contrarrestan deficientemente el empuje de la carretera, construida en terraplen".

Una foto da fe del lamentable estado en que se encontraban en aquella fecha, y añade que son "dos interesantes ejemplares, únicos en Asturias". Afirmacion esta ultima que suscribe el periodista y escritor Juan Antonio Cabezas ('Guías artísticas de España. Asturias', 1966), y que no es cierta del todo, ya que en Oviedo se conserva la llamada Silla del Rey. Aunque ha perdido la inscripcion, se trata de un canapé de piedra construido en 1776 por el arquitecto Manuel Reguera y formaba parte de la decoracion del paseo que iba de Oviedo a Las Caldas. Es un único banco y de menor tamaño que los avilesinos.

Nuestros Canapes, que dan nombre a una zona que es hoy un importante nudo de comunicaciones, han sido declarados, junto con el casco histórico avilesino, Monumento Historico-Artistico en 1955. El de la derecha ha sido restaurado recientemente; el otro continua a la espera. Sin embargo, el entorno en el que se hallan emplazados ha sufrido un deterioro monstruoso en los últimos 35 años. De aquel paseo (hoy llamado avenida de Oviedo) apenas quedan unos maltrechos árboles y algunos pretiles de la vieja carretera. Los Canapés se hallan hoy prácticamente ocultos por una gasolinera, el viaducto de la variante y un tráfico intenso, en un paraje feo y degradado. La mayoría de los viajeros que lo intentan no consiguen dar con ellos. Insisto: nunca han tenido demasiada suerte estos monumentales bancos de piedra.

La Curtidora abandera una época que se podría llamar del Avilés Industrial, extendiendo a toda la ciudad el nombre de la sociedad que se constituyó para abrir la fábrica de curtidos. En esta sociedad, creada precisamente en 1900, habían invertido cinco millones de pesetas destacados industriales y rentistas avilesinos. De todos ellos, la familia Maribona se hizo en exclusiva, a partir de 1914, con los destinos de aquella fábrica de curtidos que, con una superficie que rebasaba los 8.000 metros cuadrados construidos, suponía un importantísimo activo en el haber industrial de Avilés.

Hoy, después de una tan azarosa como conflictiva vida, La Curtidora ha sido restaurada recientemente mostrándose como un edificio singular en Avilés y en toda Asturias. Las huellas del ingeniero francés Primault quedaron fijas en las trazas de este elegante edificio de aspecto neorrománico que combina materiales y adornos hasta alcanzar una categoría arquitectónica singular, fruto de un tiempo en el que la actividad industrial no estaba reñida con la estética, ya que una fachada como ésta suponía la mejor publicidad para la fábrica.

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