San Juan


San Juan de Nieva es una entidad singular de población, partido en dos por la Ría y en tres por Castrillón, Gozón y Avilés. La historia reciente de San Juan de Nieva está ligada a su cercanía con el puerto de Avilés y la fuerte industria que se instaló en sus inmediaciones durante el siglo XX, como la Real Compañía Asturiana de Minas, hoy Asturiana de Zinc, Cristalería Española, etc. Cabe destacar la Playa de San Juan de Nieva y su sistema de dunas, que junto con la Playa de Salinas forman la playa de El Espartal, una de las más concurridas de Asturias.

El castillo de San Juan de Nieva jugó el papel de vigía y de avanzadilla defensiva en la entrada de la Ría de Avilés, tal como lo había hecho antes el mítico Castillo de Gauzón, hoy en gloriosa fase de resurrección. La intimidante silueta pétrea del Castillo de San Juan con certeza tuvo que persuadir a muchas naves enemigas obligándolas a virar en redondo. Pero no siempre acoquinó, como veremos. Su construcción se calcula entre finales de la Edad Media e inicios de Edad Moderna, justo cuando España empezó a consolidarse como primera potencia mundial. Las primeras noticias como baluarte con cañones se tienen a mediados del siglo XVI. Desde entonces fue siempre vigía y punta de lanza contra posibles ataques e invasiones entonces frecuentes en importantes villas marinas. Avilés, además, era poseedora de uno de los más destacados puertos del norte de la península ibérica, razón por la que ya había sido amurallada siglos antes.

Siempre que surgieron amenazas guerreras la primera medida era reforzar armas y personal en el Castillo de San Juan. Y todo fue más menos bien hasta un día de agosto de 1.762, año en que España e Inglaterra se las tuvieron tiesas una vez más.

Ya en julio de 1.762 buques ingleses anduvieron merodeando por la costa avilesina persiguiendo a un buque de Francia, también entonces enemigo de Inglaterra. La artillería del baluarte avilesino consiguió ahuyentar a los ingleses.

El 27 de agosto, según nos relata Reconco (famoso escribano de entonces y que fue el redactor del suceso habido en Avilés en 1.755 y ya recogido en el episodio ‘Hoy se cumplen 260 años del tsunami sufrido por Avilés’) aparecen los navíos españoles ‘San Ignazio’ y ‘San Joseph’, procedentes de América, cargados principalmente de cacao, perseguidos por una fragata inglesa que los acosa, como no pueden entrar en el puerto avilesinos por falta de calado, fondean cerca de la bocana de la Ría, bajo la protección de la artillería del Castillo de San Juan.

Y como los ingleses achuchaban el San Ignazio, puso rumbo al cercano puerto de San Esteban, pero en la maniobra de entrada por la desembocadura del Nalón naufragó en la playa de los Quebrantos.

El San Joseph, aguanta la presencia de los ingleses e inicia la descarga trasbordando el cacao a lanchas que lo llevan para Avilés, pero a los tres días es atacado por los británicos que lo incendian y echan a pique, ante la impotencia de la artillería del castillo avilesino.

Envalentonados los ingleses, desembarcan y toman el Castillo de San Juan, inmovilizando algunos cañones y arrojando otros a la mar. El relato no es continuado porque falta una de las páginas de la crónica del escribano Reconco. Los ingleses abandonaron suelo español cuando docenas de personas los rodean amenazantes, y que supongo lugareños de Nieva y alrededores, sin descartar gente venida de Avilés al trote. Según relata, pomposamente, el marqués de Teverga en su libro ‘Avilés. Noticias históricas’ «los paisanos les acometieron con denuedo y energía teniendo que abandonar a las pocas horas, y mal lo hubieran pasado, si con presteza no se embarcan para librarse de la per­secución de aquellos valerosos campesinos».

A partir de aquel incidente bélico el tiempo fue pasando para el faro que fue condenado en 1.818 a la demolición al tiempo que las murallas de Avilés, decisión que algunos interpretan como una lamentable interpretación legal favorecedora de intereses urbanísticos en el caso de las murallas.

Se fue cuarteando el Castillo y cuando no pudo más capotó. Consta en el libro de Actas de 13 de febrero de 1.860 el informe, por parte del Ayudante de Marina del hundimiento del techo a causa de los temporales y solicita se le concedan las maderas del derrumbe para ‘construir un cubierto donde se puedan alojar los prácticos’ para mejor auxiliar a los barcos en su entrada a puerto.

El baluarte avilesino fue sustituido –en el mismo solar– por el Faro de Avilés, alojado en un torreón de 14 metros de altura, que dio luz con una lámpara de aceite el 31 de agosto de 1.863 y que hoy alcanza las 17 millas de luz blanca. Una distancia que va bastante más allá del cercano Cañón Submarino de Avilés, situado a solo 8 millas (cerca de 15 Km.) y que es uno de los más importantes del mundo, ya que la profundidad de su sima alcanza los 4.750 metros, encerrando un mundo desconocido y que los avilesinos tenemos ahí al lado, como el que no quiere la cosa. Del castillo de San Juan no quedan más restos que los cuatro viejos cañones que –desde 1.960– rodean en el parque del Muelle la escultura del marino Pedro Menéndez de Avilés, otro que también ganó una batalla a los ingleses fundando San Agustín de La Florida la hoy considerada como ciudad más antigua de los Estados Unidos de América.

Fue en el siglo XIX, cuando se formaliza el diseño del actual puerto comercial, que coincide en el tiempo con la instalación en Arnao de la Real Compañía de Minas, primer proyecto industrial en Asturias, aunque con capital belga. Está empresa utiliza para el movimiento de sus mercancías la Dársena de San Juan de Nieva. Hasta ese momento el grueso de los tráficos eran movidos en los muelles locales, que paulatinamente van perdiendo actividad y el Puerto sufre un desplazamiento hacia los muelles de Raíces y la citada Dársena, completamente reformada gracias al impulso del tráfico de carbón, pilar vital en el desarrollo del Puerto a partir de mediados del siglo XIX. En la actualidad el 80% de los tráficos movidos por el puerto tienen lugar en este emplazamiento, y el principal cliente es heredero de la Real Compañía de Minas, Asturiana de Zinc, S.A., que recogió el testigo de empresa cabecera al aumentar sus tráficos de manera determinante una vez la siderurgia decae a finales del siglo XX.

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