Zeluan


La Ensenada de Llodero se encuentra en el concejo de Avilés y se trata de una pequeña ensenada al lado de la ría, a escasos metros de ella se encuentra la Charca de Zeluan perteneciente al concejo de Gozón. La superficie total protegida son 23,41 hectáreas de las que sólo 0,5 pertenecen a la charca. En la playa de Zeluan (es una playa interior) cuando se instala la baja mar aparece un paisaje de marisma el cual refleja la posible existencia de un estuario en la zona en tiempos primitivos. La charca está alimentada por un colector que la une con el mar.

Su gran diversidad en aves migratorias durante todo el año le impronta su especial interés ecológico. Baste señalar que se estima el paso anual de entre veinte mil y treinta mil aves, habiéndose llegado a censar en los años más favorables del orden de cuarenta mil. Fue declarada monumento natural el 25 de julio de 2002.

La Ensenada de Llodero es un estuario lateral a la ría de Avilés que se abre merced a la desembocadura del pequeño Arroyo de Vioño. Originalmente debió constituir una amplia marisma halófila. Sin embargo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX sufrió profundas transformaciones que hicieron que apenas se reconozcan hoy los elementos naturales característicos del estuario. El área conserva no obstante gran valor como lugar de refugio de aves limícolas en los pasos migratorios y alberga las últimas comunidades de vegetación marismeña de lo que fue el gran estuario de Avilés.

La playa de San Balandrán, es un arenal que tuvo mucho apogeo en los años 60 y 70. Habitual para las gentes de Avilés que iban en barca hasta la playa. Años más tarde quedó en un estado casi de abandono, intentando recuperala ahota, pero tiene el hándicap de estar rodeada de zonas industriales. Es pequeña, unos 300 metros, y tranquila.

Frente a la playa había una ciudad sumergida (la ciudad de Argentola), donde, según los antiguos vecinos de Nieva, está enterrado el primer obispo de Oviedo. Es más, decían aquellos vecinos que a dos pasos de la orilla podía verse el reflejo de un campanario cubierto de algas. Y ahí debe seguir. Lo que ya no está es la isla. Una isla que las autoridades afirman haber volado con dinamita, en 1953, para facilitar el acceso al antiguo muelle de ENSIDESA, cuando todo apunta a que no fue nunca una realidad geográfica sino una isla prodigio, que aparecía y desaparecía como una gigantesca ballena dormida. La isla a la que arribó el santo irlandés Balandrán y sus catorce monjes. Que, aunque gustaron, gozosos, de aquella isla maravillosa, no les fue concedido, por misterioso secreto, quedarse en ella y regresaron a Irlanda, donde murieron, en paz y contentos, después de referir tan extraordinaria aventura.

Esta isla, al parecer la única con ese nombre en el mundo, nos lleva a una zarzuela precisamente titulada: «La isla de San Balandrán», escrita y representada el año 1862. El autor de la música es Cristóbal Oudrid, con más de 50 zarzuelas en su haber. Es autor también de la «Salve marinera» adoptada como himno de la Armada Española. Dicha zarzuela, versa sobre la llegada de unos adeudados caballeros a una isla regida por mujeres, las cuales dedican a los hombres a lavar pañales, hacer calceta y limpieza del hogar. En dicha isla en vez de odaliscas existen odaliscos. Magnolia XV, la reina, quiere tener sucesión y anda en busca de un odalisco.

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