Fruela I / Froilán (757 - 768) el Cruel


Fruela I
Muerto Alfonso I el Católico, le sucedió en el trono su hijo mayor, llamado Froila o Fruela, en el año 757. Su gobierno y fama tuvo mezcla de bueno y de malo. Fue áspero de condición, inclinado a la severidad, y aún más dispuesto a la crueldad que a la misericordia.

En el año 741, un presbítero llamado Máximo, con la ayuda de siervos, desbroza un territorio de maleza, comenzando la fundación de una villa llamada Ovetao. En el 761, el abad Fromistano, tío de Máximo, levanta junto con este una básilica en honor a San Vicente (actual Museo Arqueológico). Veinte años más tarde, el 761, se incorporan el clérigo Montano y veinticinco religiosos más. El 25 de noviembre, y merced a un pacto monástico con Fromistano instituyen el acta fundacional de Oveto. El pasaje del pacto monástico dice así:

«Yo, Frómista, abad desde hace veinte años junto con mi sobrino el monje Máximo, nos establecimos en este lugar, abandonado y deshabitado, fundando una basílica en honor de San Vicente, mártir de Cristo y levita»

Fruela I establecerá su corte en la colina de Oveto por razones de táctica militar, en un lugar próximo al cruce de dos importantes calzadas y defendido por los ríos Nalón y Nora y el monte Naranco.

Prometió seguir las huellas de su padre en lo que toca a la guerra. Los Omeyas se habían afianzado en al-Andalus con Abd al-Rahman I. En el segundo año de su reinado, Juzef, gobernador de Córdoba y viejo capitán, avanzó con un numeroso ejército por tierras de cristianos, talándolo y arrasándolo todo y llegó hasta Galicia. Fruela le salió al encuentro y se encontraron los dos ejércitos en el lugar llamado Pontumio o Pontuvium, en Galicia, tal vez sea lo que hoy es Puentedeume. La batalla fue terrible y la victoria obtenida por los cristianos sobre los moros fue de tal magnitud, que, según las crónicas, quedaron en el campo 54.000 moros, entre ellos el joven príncipe Umar, hijo del emir andaluz. Esta derrota de Juzef favoreció la entronización en la España musulmana de la dinastía de los Omeyas, apoderándose del poder Abderramán.

Las crónicas árabes dicen que mandó Abderramán a su liberto Bedr con una expedición contra los cristianos, la cual llegó a las tierras de Alava y consiguió rehenes y tributos, y también avanzó por Castilla, cuyas gentes, en su mayoría, se vieron obligadas a replegarse en el interior de los montes, prefiriendo perder sus bienes antes que pagar la contribución que les imponían los musulmanes a los que permanecieron en los territorios invadidos. Los historiadores árabes dan cuenta de un tratado firmado por cinco años, a partir de junio de 759, entre el emir de Córdoba y los patricios, sacerdotes y el resto de la población de Castilla y de sus dependencias. Por él se estipula que los cristianos debían entregar anualmente 10.000 onzas, 10.000 libras de plata, 10.000 caballos, 10.000 mulos, 1.000 cotas de malla, 1.000 cascos y 1.000 lanzas de asta de fresno. Las cifras son exageradas por tratarse de una pequeña región, que era imposible pudiera pagar tal tributo, pues no lo podría soportar ni todo el reino asturiano, por lo que hay motivos suficientes para poner en duda la autenticidad de dicho documento. Emprendió luego Abderramán una expedición sobre Galicia y puso sitio a Beja, llamada antiguamente Pax Julia. Acudió Fruela con su ejército, liberó a Beja y rechazó a las fuerzas musulmanas, regresando victorioso.

Los Vascones se sublevaron contra Fruela y tuvo éste que marchar a someterlos, lo que consiguió en el año 761. En esa campaña cogió de botín a una joven llamada Munia, hija, según se cree, de Eudón, Duque de Guiena, con la cual se casó. De dicho matrimonio tuvo a Alfonso, que más tarde reinó con el sobrenombre de, el Casto, y a Jimena, que fue la madre de Bernardo el Carpio.

En el terreno eclesiástico, restaura la disciplina celibataria del clero, prohibiendo el matrimonio de obispos y presbíteros, anulada en época del rey visigodo Vitiza.

Los magnates, que estaban descontentos con la severidad del rey, pretendían tomar a Vimarano (hermano de Fruela) por cabeza y bajo su sombra buscar adeptos, y esto parece que indujo a Fruela a asesinarlo. Al darse cuenta del mal efecto que había causado entre los suyos aquel fratricidio, trató de aplacar el odio y animadversión levantado contra él y a tal fin prohijó y nombró por sucesor en el trono a Bermudo, hijo del muerto; pero de nada sirvió, porque los suyos, y en particular su primo hermano Aurelio, se conjuraron contra él y le dieron muerte en su residencia, el año 768, después de doce años de reinado. Fruela fue sepultado, en unión de su esposa Munia, en la iglesia que él había erigido dedicada al Salvador, en Oviedo.
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