Calle de Galiana


En 1.663, se comienzan a hacer las casas de la Calle de Galiana (coincidiendo con la expansión de la ciudad fuera del conjunto amurallado), viviendas para labradores, artesanos y gente pobre. Disponian en la parte trasera de huertos particulares y cosa curiosa, trampillas que comunicaban el piso con el soportal (aun hoy existen entre los numeros 40 y 44).

El nombre de la calle (sinonimo de cañada) cambió de nombre, entre el 3 de mayo de 1918 y el 19 de julio de 1945 en que llevó el nombre de Calle de Palacio Valdés, y a principio del XIX que se denominó Calle Alta del Sol. Es una de las más típicas de Avilés gracias a su lateral de amplios porches en los que existian los lunes algunos puestos de madreñas, calzado y aperos de labranza.

Se extiende desde el Carbayedo hasta la Calle de San Francisco, durante 252 metros de soportales apoyados en mas de un centenar de columnas con una pavimentacion original. Está dividida en dos partes, la que linda con la linea de viviendas esta enlosado y era usado por los viandantes calzados de zapatillas, mientras que la que se extiende desde el enlosado hasta el borde esta empedrado para facilitar el transito de los aldeanos que bajaban de los pueblos, llenos de barro y con animales.

Al otro lado de la calle, una serie de casas de indianos (por ejemplo, la de Arias de la Noceda) dan color a esta Calle de Galiana, cuyo nombre le viene por haber sido cañada usada por los ganados que salian al pasto de las afueras avilesinas.

Esta calle fué ampliandose a partir del siglo XVII y por mor de un milagro, con otro tramo que inicialmente se denominó Calle Nueva, nos encontramos con la Capilla de Jesús de Galiana erigida en el siglo XVII en honor a San Roque (en el mismo lugar ocupado antes por una cruz) para proteger a la Villa del contagio de la peste. En el siglo XVIII se renombra como Capilla del Ecce Homo (ya se llama así en 1.759). En este mismo siglo la capilla es demolida, siendo la actual de 1.894. La talla tradicional del Cristo, fue sustituida en julio de 1.939, por otra del artesano local Enrique Santos, expuesta antes de su definitiva entronización, en los escaparates de Casa Fontela.

En 1812, José Corominas (Pepín el jardinero), vecino de la calle, colocó en mitad de la calle, una hornacina en honor a la virgen del Carmen, dandole gracias a dicha imagen, al salir con vida del incendio de su casa.

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