El Nodo
En el siglo XI, Fernando I autorizó la creación de agrupaciones de pescadores, formándose en Avilés la que se puso bajo la
advocación de "Nuestra Señora de la Virgen de las Mareas", denominación que ostenta la actual Cofradía de Pescadores. Tomó
tanta importancia que formó parte de la "Hermandad de las Ocho Villas" que reunía a los principales
puertos del Cantábrico y Atlántico de "Bayona a Prayona".
A principios del Siglo XII fue creada una agrupación de pescadores, que habían sido autorizadas en el siglo anterior por
Fernando I(1016-1065) bajo la advocación de "Nuestra Señora de la Virgen de las Mareas". Aprovechaban las condiciones
establecidas por Alfonso VIII que permitían la creación de fábricas de salazón de pescado, exhimiendo a los pescadores y a
sus organizaciones gremiales de mareantes de pagar tributos. Así la pesca fue siempre una de las actividades del Puerto Avilesino que,
además con la ubicación de los alfolíes o almacenes de sal pudo transformarse en productos de conservas.
La importancia de las agrupaciones pescadoras fue creciente hasta que durante el reinado de Fernando III "El Santo" se concedió a
estos gremios el privilegio de poder resolver sus propios litigios. De ahí nació la figura de Patrón Mayor o Alcalde de Mar
que era elegido por los propios pescadores, aunque estaban posteriormente sujetos al visto bueno del Ayuntamiento, que era en la
práctica quien los nombraba, no sin oposición de los gremios de mareantes que nunca se conformaron con esa ilegal costumbre. tanto así
que ya en 1.740 una Orden del capitán General de la Armada trató de impedir que los Ayuntamientos siguieran ejerciendo esa práctica.
El de Avilés se opuso a esa pérdida de autoridad y siguió designándolos durante otros dos años hasta que al fin se vió obligado a
cumplir con lo legislado.
Ese enfrentamiento correspondía a las diferencias históricas entre
Sabugo y la Villa. En 1.484 se acordó por los regidores
locales construir una casa para concejo donde se instalarían también comercios para carnes, frutas, candelas y pescado. esa
concentracción en un sólo punto fue protestada por los vecinos de
Sabugo que unos años más tarde, en 1.490, lograron que se
dotase a su barrio de un local para el suministro de carne y al mismo precio que la que se vendía en el recinto amurallado. Pero las
disputas continuaron debidas sobre todo a la obligación que tenían de centralizar sus ventas de pescado. Las difrencias se agudizaron
a principios del Siglo XVII, cuando se acordó que los pescadores acudieran obligatoriamente con sus capturas para que la Villa se
abasteciera de lo que necesitase y fijase los precios de venta. Algo con lo que estaban absolutamente disconformes los de
Sabugo,
que reclamaban libertad para poder vender su pesca allí donde quisieran, especialmente llevándola a
Oviedo donde podían
conseguir mejores precios. La disputa se mantuvo durante mucho tiempo hasta que alcanzó niveles tan elevados que el problema tuvo que
ser llevado a la
Chancilleria de Valladolid que, en 1779, falló en contra de los intereses de
Sabugo.
Y es que la obligación de vender primero en Avilés además de garantizar el aprovisionamiento local, tenía como objetivo incrementar
los ingresos fiscales de las siempre escasas arcas municipales. Ya en 1.604, según la documentación existente, cuando se confirmó el
mercado franco de los lunes en Avilés y se hizo una distribución de las cargas entre los principales gremios locales, los habitantes
de
Sabugo debían pagar 9.000 maravedíes en concepto de alcabala por el pescado capturado o que "
mataren" como entonces
se decía. Esto al margen de lo que importaban de
Terranova,
Galicia,
Bilbao,
San Sebastian,
Francia,
Inglaterra o
Irlanda, por lo que tenían que abonar un diez por ciento.
En este tiempo, siglo XVII, existían en
Sabugo tres Cofradías:
San Telmo,
Las Mareas y
Las Ánimas. Para su
subsistencia y funcionamiento cobrarán un tanto por ciento de la pesca, así como una cuota a todos los barcos que entraban y a todos
los marineros en activo. Ocho reales por cada viaje realizado con, al menos,dos marineros a bordo; seis reales para las embarcaciones
de quiñón y medio, cuatro reales para las de un quiñón. Los barcos de pesca tenían tarifas algo menores, cuatro reales los de dos
quiñones, y dos reales los de un quiñón. Cualquier barco español estaba obligado a desembolsar de uno a dos reales cada vez que entraba
en la ría; los extranjeros pagaban cuatro reales.
Los problemas de aterramientos y falta de calados también perjudicaban a la flota pesquera aún cuando sus embarcaciones fuesen
más pequeñas. En 1.722 la Cofradía de las Ánimas protestó por el estado de la ría ya que "los vecinos mareantes de este lugar
se hallan en el estrecho de no poder salir a la barra para la pesca por hallarse el río cuasi seco y lo mismo la barra y con gran
riesgo de la vida a no ser en plena mar". eso unido a las dificultades económicas que por entonces atrevasaban los pescadores,
propició que solicitasen al Papa permiso para poder salir también a pescar también todos los días festivos.
Un día de Abril de 1.920, los pescadores avilesinos, se reunieron en el desaparecido Centro Obrero de la Calle de Pinar del Río,
acordado constituir la Cofradía de Pescadores que, en sus comienzos, se tituló “El Crepúsculo”. El ambiente social de aquella
época, pretendió influir en los reunidos para dar a su agrupación tintes políticos, pero ellos no entendían, no querían entender de
política ni de luchas sociales y exigieron absoluta independencia, ellos querían una asociación eminentemente benéfica que les
asistiera en las crisis de trabajo, en la enfermedad y la ancianidad.
En aquella reunión preliminar quedó señalado el camino a seguir, y que en realidad fue parco en problemas, puesto que después de
señalar las cuotas de asociados (25 céntimos semanales), y fijar el cinco por ciento del valor de la pesca para gastos de Cofradía,
se acordó realizar gestiones para conseguir dinero y proceder a la construcción de la rula, en lo que en lo sucesivo se subastaría
el pescado, en vez de hacerlo sobre el carel de las lanchas o en la cubierta de los barcos como hasta entonces se hacía.
Los entusiastas marineros, a cuyo frente quedó como presidente
Tadeo Fernández, consiguieron la cantidad de 5.000 pesetas para tal
menester, siendo facilitada dicha cantidad así: 2.000 pesetas, por el armador
Manuel Arrojas, que se negó a percibir interés
alguno por su préstamo, y 3.000 pesetas con el cinco por ciento de interés, Por
Arsenia Fernández del Viso, popular estanquera
de
Sabugo. Con ese dinero y con el crédito concedido por la ferretería y materiales de construcción de
Vidal y Carreño Sabugo
, se procedió a construir la primitiva rula, en la margen izquierda del muelle local, en terrenos cedidos desinteresadamente por
Victoriano Fernández Balsera Sabugo, constante benemérito protector de la sufrida clase pescadora. Sobre este terreno casi
pegado a la empalizada del ferrocarril del norte, se construyó una sencilla edificación de madera, en cuya cima se instaló una
pequeña campana cuyo tañido avisaba alas gentes de
Sabugo el arribo de la flota de bajura y de las contadísimas parejas de altura
que en aquellas fechas tenían su base en nuestro puerto.
Al socaire de aquel edificio chiquito y grato, en el que los viejos mareantes avilesinos apretaron fuertes lazos de unión para defensa
de sus intereses, descansaban los días en que los elementos rizaban las aguas del Cantábrico, impidiendo la salida de lanchas y barcos,
los marineros de
Sabugo, remeros de pelo en pecho y pescadores arriscados que profesaban especial devoción a su patrona la
“
Virgen de las Mareas”, cuya cofradía, en sus comienzos, tuvo asiento en la secular
Iglesia de Santo Tomás, en la que,
presididos por el párroco, celebraba sus juntas en el atrio situado a la derecha de la llamada puerta de “
Doña Sancha”, y en cuyo
lugar se conserva aún la mesa de piedra sobre la que tantos acuerdos se habían escrito. Esos marineros, sumidos la mayoría de ellos en
la vorágine fatal que a nadie y nada perdona, eran
Tadeo,
Pacho Careste,
Romanones,
Malín,
Candín,
Colás el de Severiana,
Valeriano,
el Pito,
el Chucho,
José María Corrales,
Los Picudos,
Manolo Arrojas,
Vior,
Languay y otros muchos más cuyos nombres escapan a nuestra memoria.
Este primer edificio del gremio de marineros, solera del actual Pósito de pescadores “Virgen de las Mareas”, se inauguró el día 20
de Mayo de 1.920, y su junta rectora la constituían, con su presidente Tadeo Fernández, Eloy Hevia como tesorero, José
López González como secretario y, vocales, Argimiro Fernández, Francisco Arnilla, Pedro Cuervo y Alfredo
Fernández.
Una de las primeras adquisiciones de la flamante rula, fue la de una báscula y, la primera campana, que se instaló sobre la sencilla
espadaña del edificio, fue donada, por Ángel Álvarez González.
En 1.928, la explanación de terrenos para el ferrocarril estratégico de la costa, constituyó un serio problema para la rula, ya que
aquellas obras obligaban a esta, al desmantelamiento de su edificio; pero para resolver este asunto de tan vital importancia, ahí
estaba el bueno de Victoriano Fernández Balsera, quien les proporcionó nuevo y más extenso terreno muy cerca del anterior
emplazamiento, sin más pago que el de 10 pesetas anuales, como canon, cantidad idéntica a la que ya venía percibiendo por el emplazamiento
primitivo. Y no paró en esta nueva facilidad de aportación desinteresada y solícita el señor Balsera, sino que donó a la rula
7.000 pesetas, que en concepto de indemnización habían sido hechas por el estado como consecuencia de la expropiación del terreno para el ferrocarril estratégico.
El Nodo, diseñado por el arquitecto Carlos de Miguel e inaugurado en junio de 1.943, por el entonces ministro de Trabajo,
José Antonio Girón de Velasco. El acto fue recogido en imágenes por las cámaras del noticiario cinematográfico NO+DO
(Noticiarios y Documentales), lo que resultó todo un acontecimiento para Avilés, ya que entonces al no haber televisión, este era el
único medio de transmisión de noticias en imágenes y el noticiario era exhibido en las salas de todos los cines de España antes de
las películas. O sea que lo aparecía en el Nodo tenía una trascendencia enorme.
-¿Viste nin? ¡Salimos en el Nodo!
Y '
Nodo' le quedó, desde entonces, endilgado al nuevo grupo de viviendas de pescadores, que por cierto sustituyeron al barrio
tradicional de
Sabugo como albergue de gentes del mar, tal y como había venido ocurriendo durante siglos.