Concejo de Corvera
La historia de Corvera se encuentra intimamente ligada a la de
Avilés, cabecerea comarcal de indiscutible importancia. La
bondad del suelo corverano, su cercanía a la costa, hacen
persuponer que el territorio pudo ser poblado muy
tempranamente, suposicion que algunos restos arqueológicos
encontrados en la zona parecen confirmar. Hachas, bifaces,
lascas, raspadores, ratifican esos asentamientos
prehistóricos.
Posteriormente, los ástures, grupo de los luggones,
gentilidad de los vincianos, también
aparecen en la sucesión de pobladores del área, con dos
castros: Picu Castiellu (Molleda) y Castiellu
(Camina, Cancienes).

La entrada de la civilización romana no supuso
el abandono del castro de Castiello tal y como se puede
deducir del hallazgo de una estela funeraria de la época. La
Estela
Antropomorfa de Molleda es una losa con forma de
figura humana, que fue encontrada casualmente en el año 1.950,
cerca del Caserío de Juncedo.
De factura tosca y arcaizante, mide 40 cm. de alto, 20
de ancho y 12 de grosor, y presenta una importante fractura.
Consta de dos partes:
- Una cabeza circular enmarcada por una orla, en la que aparecen grabados los ojos semicirculares, la nariz triangular y la boca, bajo la cual hay unos puntos de difícil interpretación que podrían representar una barba o incluso los dientes de la boca. El esquematismo de la representación de estos rasgos impide saber con claridad si ese trata de un rostro masculino o femenino.
- Un cuerpo rectangular, que contiene una desgastada inscripción funeraria de 5 líneas escrita en un latín bastante incorrecto, y que dice lo siguiente:
DIBVS M
ANIBVS A.
ARVS VI. F.
VINCIAN
VM LXV
Y se traduciría como "Consagrada(?) a los dioses
Manes. Arus, hijo de Vinicus(?), de los vincianos, de 65
años". Por ella sabemos que la estela, consagrada
a los dioses Manes (dioses romanos de los muertos),
pertenecía a la tumba de un tal Arus, muerto a los 65 años,
hijo de un posible Vinicus y perteneciente a la gentilidad
de los cincianii o cincianos, que al parecer fue la que
habitó el castro del Pico Castiellu y de la cual debía ser
un miembro destacado. Por otro lado, bajo esta inscripción
parecen haber sido grabadas otras letras, hoy ilegibles, de
época algo posterior.
Del siglo V al siglo IX se vivió una época de estabilidad donde el
castro, al perder su función defensiva, quedó deshabitado. Con
el paso del tiempo, Molleda se fue
expandiendo, contribuyendo a ello el hecho de que su término
sea atravesado en la alta Edad Media (a partir del siglo IX)
por el Camino de Santiago. Durante este
período, la economía era exclusivamente rural; la industria se
limitaba a los molinos hidráulicos situados a lo largo del río
Molleda, para triturar el cereal, y a los lagares, necesarios
para la obtención de sidra. Hay que destacar también las
pesquerías sobre el río y las Officinis Salinarium de
Entrialgo, que eran hornos para la obtención de
sal, producto muy apreciado en ese momento.
Corvera nace para la historia como concejo independiente en el siglo
XIII. Hasta ese momento es una parte más del Alfoz de Gauzón
que pasa a formar parte del concejo de Avilés en 1.309, y con
ello a beneficiarse de los fueros de este municipio, pero
también, a tributar exageradamente por su dependencia: 660
maravedís y multa de 10.000 de no cumplir con las
correspondientes obligaciones. Esa exagerada voluntad
tributaria se traducirá en permanentes tensiones, y en
puntuales movimientos de independencia a lo largo del tiempo.
Avilés, en plena
Edad Media, es la segunda ciudad de Asturias y puerto de
Oviedo,
y la pequeña burguesía comerciante, que hace del tráfico de la
sal su principal motor económico, justifica un desarrollo
urbano de cierta entidad y fija las claves que, 900 años
después, siguen explicando a la comarca de
Avilés.
Éstas no son otras que la existencia de un centro urbano
director, acaparador de servicios, ordenado por una burguesía
local tremendamente emprendedora y un área dependiente, que
aporta suministros agrícolas y que sirve de desahogo
residencial para la pequeña nobleza de la época que acostumbra
a fijar sus residencias de verano y sus casonas de dominio al
lado de la vieja nobleza local.
Esta está representada, fundamentalmente, por los Solís,
los Bango y los Rodríguez de León,
como confirman las casonas y palacios que aún se conservan en
el concejo y las cesiones, entregas y heredades que el archivo
municipal recoge desde el siglo XVI hasta nuestros días.
A comienzos del siglo XVI, Corvera ya había recuperado su
autonomía. Las juntas concejales se reunían en Cancienes,
primera capital del concejo, trasladada a mediados del siglo
XVII a su actual emplazamiento en el lugar de Nubleo,
centro geográfico del concejo y sede de una de las casas de
mayor influencia de la nobleza corverana que aclara, en cierta
medida, el traslado: la Casa de los Bango
(en la actualidad de los Fernández Blanco).
Corvera aparece representada en la Junta General del
Principado desde el siglo XV con dos diputados. En 1.779
desarrollará sus propias ordenanzas que durarán hasta finales
del siglo XIX. Durante todo este período, se muestra como un
concejo predominantemente agrícola que cumple para con esa
función proveedora de la ciudad de Avilés, a través del
mercado de La Villa, y que llega a tener una línea de
exportación de productos propios (castañas y maíz) hacia la
Bretaña francesa, con denominación de origen, tal y como
evidencian algunas relaciones de productos llegados al puerto
de Brest a lo largo del siglo XVIII.
En ese sugestivo paraíso agrícola, cabe señalar la existencia
de una ferrería en Trasona, canteras y
fábricas de cobre, como primigenias manifestaciones de un
sector secundario que, socioeconómicamente, protagonizará la
segunda mitad del siglo XX. En la parroquia de Solís
se instaló en 1.753 una cobrería que utilizaba carbón de Langreo
para reducir el mineral de cobre traído del Perú,
al no poder importar el europeo a causa de las guerras
napoleónicas.
Corvera se vio periódicamente asolado por hambrunas a
consecuencia de las malas cosechas o de las urgencias
institucionales o naturales (guerras, pestes...) de cada
momento. Esa cambiante suerte motivó que muchos corveranos
ficieran les amériques, fundamentalmente hacia Cuba
y México, a finales del siglo XIX y en el
primer cuarto del XX. En sentido contrario, las puntuales
bonanzas económicas, o el espejismo de una Asturias industrial
que en Corvera, entre otros concejos, iba fijando sus centros
de producción, motivó que miles de inmigrantes (castellanos,
gallegos, extremeños, andaluces...) se asentaran en el
concejo, principalmente, a partir de la segunda mitad del
siglo XX.
En 1.924, Corvera añade el apelativo de "Asturias" para
diferenciarse de otros municipios no asturianos y de igual
topónimo. Y en 1.996 se declara Conceyu mestizu.
A destacar en el concejo, la Ermita de la Consolación,
fundada por Martín de Bango (señor de la
Casa de Bango), por encargo de su hermano Alonso de
Nomparte (canónigo de Santiago de Compostela),
heredó su patronato Fernando I de Bango,
hijo primogénito de Martín Bango, y sus
sucesores, a partir de 1.577. Los Bango nombraban a los
capellanes de esta ermita entre sus familiares y allegados, y
así, hasta 1.725 fueron capellanes de ella Lope de
Miranda, párroco de Cancienes, y los presbíteros Pedro
Menéndez Valdés, Juan Fernández
Villar, Domingo de Bango y Francisco
González de Valdés Rionda.
Según una leyenda popular, el apelativo "de la Consolación" proviene
de una aparición de la Virgen a una tal Josefa Villar de
Bances, vecina de
Sabugo,
y a su hija, que regresaban de adorar las reliquias de la
catedral de Oviedo; al salir de
Nubledo hacia
Avilés,
ya de noche, la niña se asustó ante la oscuridad y la aspereza
del paisaje, y entonces, al pasar frente a la ermita, la
Virgen se apareció para consolarla. Sin embargo, parecer ser
que la ermita lleva su apelativo y advocación ya desde su
fundación por
Martín de Bango y
Alonso Nomparte.
Próximas a la ermita hubo una casa de novenas (destinada a
ciertas oraciones) y dos cruceros de piedra, actualmente
desaparecidos.