La tradición marinera avilesina, arranca de la baja Edad
Media, en la que las costas fueron asoladas por árabes y
vikingos. Los marinos avilesinos figuran en la conquista de
Lisboa en 1.147 y en la de Sevilla en 1.247, tripulando
embarcaciones propias. A esta última campaña corresponde el
escudo de Avilés en la que se representa una nave rompiendo
las cadenas que unían las dos márgenes del río
Guadalquivir a su paso por Sevilla.
En los siglos medievales, cuando se iniciaron los masivos
peregrinajes a Compostela, el puerto de
Avilés recibió, por vía marítima, a pasajeros que,
desembarcados aquí, continuaban el camino a pie. En aquellos
tiempo, Avilés era el puerto más importante desde el País
Vasco hasta Oporto, por lo que
por el se realizaba casi todo el comercio de importación y
exportación del norte de España.
Fue también importante astillero de ribera, donde se
construían embarcaciones aprovechando las maderas de La
Tejera, bosques del río San Martín,
Galianay otros
circundantes. De aquí salieron los buques que llevo Juan
Alfonso de Avilés a Las Canarias y África y Pedro Menéndez de Avilésa
La Florida.
El proyecto de canalización del puerto actual fue realizado
por el ingeniero Pedro Pérez de Salas en
1.851, construyendose en ese momento, la Dársena
de San Juany encauzando La Ria en 1.890.
Mucha importancia tiene también en la economía local, la
industria de la pesca, por ello no se puede ignorar la
presencia de una gran flota pesquera.
Elemento destacable en el entorno de la ría, son los Almacenes
de Liboriano Balsera (principios del Siglo XX),
ejemplo de construcción industrial. Relacionado con el Palacete
de Balsera, hoy destinada a Conservatorio de
Música. Los almacenes, construidos en 1.910 por Antonio
Alonso, repiten tres naves principales y una de menor
tamaño construida posteriormente, constituyen una obra de
singular interés por su buen trazado y por la importancia dada
a la fachada en relación a la construcción del interior de las
naves.
En 1.911 el vapor Cabo de Palos naufraga de
forma aparatosa, cegando la entrada a la ría y taponando el
tráfico del puerto durante 5 meses (de agosto a noviembre). La
escasa destreza con que se manejó el asunto, dejaba en
evidencia la necesidad de contar con un organismo que
gestionase el puerto y sus instalaciones.
El 26 de abril de 1.915, Ayuntamiento, Cámara
de comercio, armadores y consignatarios crearon la
Junta de Obras del Puerto, con la presidencia
de Victoriano Fernández Balsera. Se
encargaría de administrar todos los terrenos del estado en
torno al puerto, cobrando 1 peseta por metro cuadrado a las
empresas instaladas en ellas.
El 24 de septiembre de 1.919 y a bordo del vapor Mendi,
llegaban a la Villa los raíles que la Sociedad del
Tranvía Eléctrico acababa de adquirir para la
construcción del tendido del tranvía
eléctrico, cuyas obras empezaron en la Plaza de la Constitución.
Durante la Guerra Civíl el dinero empezó a
escasear y aunque los vales intentaron suplirlo, los
comerciantes se negaban a realizar el cambio de vales por
moneda. De este modo, en El Estrellín, al
otro lado de la ría, se instaló una ceca para acuñar monedas
de la republica, en un edificio de la Junta de Obras
que aun hoy permanece en pie.
En 1.951, la draga Pax, con sus 500 caballos
de vapor, comenzó a chupar los fondos de la marisma de Avilés,
a razón de 20.000 toneladas diarias, yendo a depositarlas
luego en las marismas para cimentar el lugar que ocuparía
después Ensidesa.
En total, fueron 6 millones de metros cúbicos los que movió la
Pax.
En los años de la fábrica, no mandaba el ayuntamiento, mandaba
Ensidesa que
solo rendía pleitesía al INI y este al
palacio de El Pardo. La Junta de
Obras del Puerto se vio obligada a abandonar su ya
iniciado puerto pesquero para dejar sitio al siderúrgico ante
las amenazas de la empresa.
En 1.970 se ensancha el canal de entrada de la ría, para
que puedan entrar barcos de mayor tonelaje, acabándose en
1.977.