Mauregato (783 - 788)
Al morir
Silo sin descendencia, su
viuda
Adosinda, de acuerdo con la mayoría de los magnates, quiso hacer
reconocer por rey a su sobrino, el joven
Alfonso, hijo de
Fruela
y de
Munia; pero su tío
Mauregato, hijo bastardo de
Alfonso I, habido con una
mora cautiva llamada
Sisalda,
le disputó el trono alegando que tenía más estrecho
parentesco con los reyes anteriores, ya que todos sus
hermanos habían sido reyes. No faltaron magnates que le
animasen y apoyasen.
Mauregato convocó a los descontentos pidiéndoles su
ayuda y haciéndoles ver que de ser rey
Alfonso,
tomaría venganza de los que dieron muerte a su padre.
Se apoderó
Mauregato
de la villa de
Pravia,
y Alfonso
se dispuso a combatirle. Se hallaban ambos ejércitos
colocados, respectivamente, en una y otra orilla del río
Nalón, cuando
Alfonso recibe la noticia que los moros,
mandados por el capitán
Mahamuel, se habían apoderado de la ciudad de Oviedo.
Levantó entonces el campo y marchó con su gente a
combatirles, librándose una dura batalla en las afueras de Oviedo,
la cual ganó.
Entretanto Mauregato, viendo que no podía contar con la
confianza de los cristianos, envió un mensajero al emir de Córdoba
solicitando su ayuda. El poderoso emir
Abderramán, al recibir aquel mensaje, juzgó que era aquella una
oportunidad que Alá le deparaba para
humillar el orgullo del reino de Asturias, y dijo al emisario.
"Tomad mi más veloz corcel y volved sin tardanza a Mauregato.
Le diréis.
Abderramán pide que las bendiciones del Altísimo se derramen sobre su cabeza,
y dice que si juráis por vuestro honor entregarle todos los años cien doncellas,
cincuenta fijodalgas y cincuenta villanas,
podéis contarle por vuestro aliado y él os colocará en el trono de Oviedo
Volvió el emisario a
Mauregato
y le dijo la propuesta del emir.
Mauregato
no vaciló, aceptando el pacto. El ansia de poderío le cegó y
con la ayuda de
Abderramán y de los
ambiciosos magnates que le apoyaban, obligó al joven
Alfonso a huir y buscar
asilo en el país de
Alava,
quedando
Mauregato dueño del trono.
Al año justo se presentaron los capitanes moros a reclamar
lo pactado.
Mauregato
viose constreñido a juntar las
100 doncellas. Los nobles asturianos, que nada sabían,
viendo tanto moro en
Oviedo y tan
inusitados acontecimientos, aceptaron que se tramaba una
infamia y estuvieron alertas. Los villanos, que echaban de
menos a sus hijas y hermanas, a su vez, tenían fundado
recelo.
Una noche cundió la noticia de que con
los capitanes moros y su gente salía de Oviedo
una comitiva que llevaba las 100 doncellas, pago del
tributo. Corrieron los asturianos para impedir que los moros
se llevasen su cobranza, les dieron alcance
y trabaron combate. Las doncellas fueron liberadas y los
caballeros, para hacer memoria del suceso, grabaron en sus
armas las cabezas de los moros.
Su reinado está libre de enfrentamientos serios con al-Andalus,
pero, en su transcurso, se extiende la
herejía del adopcionismo y se produce la separación de la
iglesia asturiana de la de Toledo. Paralelamente, surgen las
primeras menciones a la evangelización de la Península por
parte de Santiago el Mayor, que serían
recogidas en el Tractatus Apologeticus de Beato,
libro que alcanzaría elevada difusión en los años finales del
siglo VIII (su aparición se fecha en 786).
La noticia de la evangelización de España por Santiago
ya había sido recogida en el año 600, en el Brecviarum
Apostolorum y en la obra de Isidoro de Sevilla De
Ortu et Obitu Patrum, si bien eran muy
poco conocidas en España. Surge en esta época la figura del
presbítero Beato, monje y abad de un
Monasterio dedicado a San Martín, en Torieno,
llamado después Santo Toribio, un lugar del
valle de Liébana. Beato
finaliza, en el año 776, la redacción del Comentario
al Apocalipsis escrito en un contexto teológico
muy específico como era el resurgimiento de una antigua
herejía, el adopcionismo, que negaba el carácter divino del
Verbo considerándolo hijo adoptivo del Padre. Beato
concibe el Apocalipsis de Juan realmente
como un tratado sobre el Anticristo y el fin del mundo; sus
páginas están marcadas por inquietudes escatológicas y
milenaristas. El libro, en realidad, no es una obra de
creación; se basaba, en realidad, en otro texto del siglo V,
original de Apringio, obispo de Béjar. A Beato
se le atribuye, asimismo, el himno acróstico O Dei
Verbum, dedicado a defender la figura de
Mauregato.
El reinado de Mauregato
fue corto (cinco años y seis meses), señalando su muerte en
el 788. Fue sepultado en la Iglesia de San Juan de
Pravia.
Tirso de Avilés, en su obra "Casas solariegas, armas y blasones del Principado",
dice que en el sepulcro del rey Mauregato
se hallaba grabada la siguiente inscripción:
HIC IACET IN PRAVIA, QUI PRAVUS FUIT.
Aquí yace en Pravia, el que fue depravado.