Calle de La Fruta
Antiguamente, La Fruta no era una calle, sino dos ya que en el
ensanchamiento de la
calle
del Sol sobre ella, conformaba una pequeña
plazoleta (
plaza de la Villa). Desde esa
plaza hasta la
Puerta de Cimadevilla o
Puerta
de la torre del Reloj, era la '
Calle
Cimadevilla'. Desde la Plaza, hasta su final en un
paredón, que la separaba de la propiedad de los
Alas
(luego de
Camposagrado), era
conocida como '
calle Oscura'.
Ambos tramos, contaban con soportales a ambos lados, dejando
solo a cielo abierto un espacio por el que cabía un carro
tirado por bueyes, excepto al final de la Calle
Oscura, donde era tal el estrechamiento que podían
abarcarse las columnas de ambos lados extendiendo los brazos.
A consecuencia del tremendo incendio que sufrió Avilés en
1.478, cambiaron muchos aspectos urbanísticos de la Villa. Por
ejemplo, cuando se reconstruyó esta calle, la que fue
Cimadevilla, pasó a ser Rúa Nueva,
y la plaza de la Villa: plaza de
la Rúa Nueva. La Oscura siguió a
oscuras. También por entonces se construyó, en aquella plaza
de la Villa, la casa del Concejo (con
funciones de lo que hoy conocemos como ayuntamiento) y las
casa de la panadería y del regimiento que no llegaron hasta
nuestros dias.
En 1.522, las monjas Bernardas se trasladan a Avilés, creando
en la esquina de la
Calle de la Fruta y la
Calle de San Bernardo,
el
Convento de Santa Maria Real de las Güelgas
o
Convento de las Bernardas.
En 1621, un nuevo incendio destruye las casas de la Rúa
Nueva, ardiendo más de 50 casas, entre ellas la que
utilizaba la Corporación para reunirse (en los siglos XVI y
XVII se reunían en esta calle o en el Atrio de la Iglesia
de San Nicolás). En la restauración la calle ganó
en amplitud y fue entonces cuando se la renombró como de La
Fruta, al instalarse en ella puestos de venta de productos de
la huerta. Entre siglos XIX y XX, la vía sufrió una gran
transformación al levantarse en ella magníficos edificios de
varias alturas.
En 1.752, habia en esta calle, un clérigo, una panadera, un
maestro tallista, un oficial carpintero, una tejedora cordonera
y un oficial escultor.
En 1.876, esta calle se une a una nueva, denominada
primeramente Calle de la Unión y posteriormente y
hasta la actualidad como Calle de la Molinera.
El 30 de octubre de 1896, a la calle le cambiaron su nombre
por el de
Suárez Inclán, destacado político
de la época. Aunque en el lenguaje coloquial, nunca dejó de
ser conocida como la de La Fruta, nombre que recuperó,
oficialmente, el 18 de julio de 1979.
- Familia BANGO NOMPARTE. Acera derecha de la calle de La Fruta. Al inicio, en el solar ocupado por la farmacia ‘Belén Llorente’ y en el siguiente.
- Familia FALCÓN. Acera derecha. En el solar, hoy ocupado, por el negocio ‘Droguería Gely’.
- Familia VALDÉS. Acera derecha. En el lugar donde asienta hoy el inmueble donde está domiciliado el Centro Asturiano.
- Familia BANGO SOLÍS. Acera izquierda. En el solar que hoy ocupa el edificio donde está instalado el negocio hostelero ‘Maruxa’.
- Familia SOLÍS CASCOS. Descendientes de la esposa de Pedro Menéndez de Avilés. Acera izquierda. Donde hoy asienta el inmueble número 31.
La calle de la Fruta, tiene particularidades que llaman la
atención. Por ejemplo empieza y termina con fuentes en la
margen derecha: la de Doña Rolindes
(adosada al ayuntamiento) y la del Centenario
del Bollo (al lado de la Cámara de Comercio).
En la iglesia de San Nicolás reposan los restos de Pedro Menéndez de Avilés, eso si, despues de ser enterrado hasta en 7 ocasiones.
La primera, en la iglesia parroquial de Llanes, cuando el navío que trasladaba sus restos mortales desde Santander tuvo que refugiarse en el puerto oriental para salvar una gran tormenta. «
Y porque su cadáver empezaba ya a consumirse».
La Justicia y Regimiento de Avilés (el antiguo ayuntamiento) comisionó al Arcediano de Benavente Gonzalo Solís de Merás y a Tirso de Avilés para que exhumaran los restos del
Adelantado, en la iglesia de Llanes, y les dieran traslado a Avilés.
El segundo entierro del
Adelantado se produjo, finalmente, el 9 de septiembre de 1591. Fue enterrado junto al altar mayor de la iglesia de los
Padres Franciscanos
(entonces de San Nicolás de Bari), en la zona reservada al presbítero.
En mayo de 1652 comenzaron unas obras en la iglesia de los Padres. «El templo se había quedado pequeño y había que levantar la bóveda y construir el ábside. Entonces recogieron los restos del conquistador y se los llevaron a un lateral del templo de forma provisional. Este fue
el tercer entierro del
Adelantado.
En 1924 el Ayuntamiento de Avilés encargó a Manuel Garci-González, el mismo escultor que había levantado la estatua del marino en el
parque del Muelle, el diseño del mausoleo del conquistador.
El cuarto entierro de Pedro Menéndez fue el más fastuoso de todos. Se montó una procesión que comenzó exhumando al conquistador. Empleados municipales llevaron a hombros los restos del conquistador hasta el Ayuntamiento. De ahí fue a la iglesia de
Sabugo a hombros de marinos del "Marqués de la Victoria". Finalmente, el cortejo regresó al punto de origen, es decir, a los Padres.
El problema se produjo cuando se encontraron con que el mausoleo de Garci-González «se había quedado pequeño». Así que, las autoridades municipales decidieron trasladar los huesos del almirante del ataúd negro y con letras doradas a una caja de cinc.
El quinto entierro de Pedro Menéndez de Avilés no está documentado claramente, aunque se produjo en el cementerio de La Carriona, en plena guerra civil, que en Asturias duró desde julio de 1936 al otoño del año siguiente.
El sexto entierro devolvió los restos mortales del
Adelantado a la villa, pero no a su lugar original. El párroco de San Nicolás de Bari se empeñó en que el conquistador tenía que reposar en la iglesia de la villa y que esa iglesia no era otra que la de la calle de San Francisco.
El descanso le llegó al
Adelantado al
séptimo entierro. En 1956, los restos de Pedro Menéndez fueron al mausoleo de Garci-González, en la iglesia de la
plaza de Carlos Lobo. El alcalde Francisco Orejas Sierra presidió la comitiva junto a los gobernadores Civil y Militar y junto al director de Relaciones Culturales del Instituto de Cultura Hispánica, Manuel Fernández Shaw. Cinco siglos después y siete entierros más tarde, el
Adelantado reposa para siempre en la iglesia de su infancia. Este último traslado encendió la mecha del hermanamiento con San Agustín de la Florida.