Calle de Rivero


Una calle, con al menos cinco siglos de historia y la única que no ha cambiado de nombre. La primera mención que se conserva de la misma data de un acta municipal de 1.485, en el que era simplemente un arrabal fuera de las murallas de Avilés. Posteriormente, en el siglo XVII, se construyeron viviendas hasta convertirla en una importante calle (zona de artesanos, al igual que otras), ya que era el Camino Real a Oviedo, que partía de la, entonces naciente, Plaza de España. Discurría cerca de la riva avilesina, que antes llegaba hasta las inmediaciones de la calle y cubría gran parte de lo que ahora es el actual Avilés. De ahí el nombre de Ribero: porque la calle estaba situada a la ribera de la ría.

Entroncando con la Plaza de España, nos encontramos con la Casa de García Pumarino o Palacio de Ponte y enfrente de la misma, la casa donde vivió el escritor Armando Palacio Valdés. Más abajo, en dirección a Oviedo, se encontraba el Hospital de Peregrinos, que luego fue Hospital de Caridad hasta 1.927, año en el que se inauguró el Hospital de Nuestra Señora de la Asunción en la Calle de Cabruñana.

Es destacable un rincón, donde se levanta la antigua Capilla del Santo Cristo del Rivero o Capilla de San Pedro (Humilladero construido probablemente durante la primera mitad del siglo XVII y reformada en el siglo XVIII). El aspecto actual es consecuencia de una reedificación de 1.881 y muestra bóveda de arista, acceso de arco de medio punto con puerta con cancel de barrotes, y dentro, el escudo de los Rodríguez de León. A su lado, en un espacio semicircular, con bancos de piedra: la fuente de los Caños de Rivero, y que formaba parte del lavadero (desaparecido en el siglo XIX) construido en 1.816 por el alcalde José Maria Argüelles y Trilles, en terrenos cedidos por el quinto Marques de Ferrera, Cayetano Navia-Osorio.

La devoción era ferviente. Los frailes grabaron en el claustro alto unos versos que se descubrieron en la última reforma de la Iglesia:

"lloró Pedro y lloró tanto
que sus lágrimas sirvieron de arado
cuando salieron surcando
su rostro santo"

En esta capilla se veneran las imágenes de Jesús atado a la columna y del Apóstol San Pedro, todo un símbolo popular en la ciudad.

Se hace referencia a este Cristo, en "La Farolita", zarzuela que parodia la ópera "La Favorita", con letra de Salvador María Granés y música de Manuel Nieto, y en la que al comienzo de ella, el coro canta:

Mi asturianita, voy soldado,
pero a ti sola te he de querer,
y mira tú que lo he jurado
al Santo Cristo de Avilés.

Me has de despedir
antes de marchar
con la giraldilla
que se baila en el lugar.

Yo no sé escribir,
pero sé jurar,
que si no me olvidas
yo en jamás te he de olvidar.

Pegado a los Caños de Rivero, nos encontramos con el Parque de los Marqueses de Ferrera de estilo inglés, y que se encuentra limitado en ambos extremos de la calle, por los Pabellones del Marqués, dos pabellones en forma de pequeñas torres y rematadas en chapitel.

El 15 de julio de 1.778 la villa de Avilés se dirige a la Junta del Principado para pedir el necesario arreglo del camino de Avilés a Oviedo, infranqueable y peligroso sobre todo en invierno. Esta se realizo en dos tramos, el primero entre Villalegre y La Texera y el segundo de La Texera hasta Rivero, iniciandola Francisco Pruneda en 1.786 y dividiéndola en 4 trozos, con dos puentes de por medio (el de La Texera y el de Los Molinos), numerosas rampas de acceso a las propiedades colindantes y petriles y antepechos de cantería en las cunetas. La conclusión definitiva a la altura de la fuente de los Caños de Rivero se demoró hasta 1.815.

Una vez acabada la Revolución de Octubre de 1.934, en el cuartelillo que existía en Rivero, los Guardias de Asalto (policía creada por la República) y que por primera vez acudía a Avilés, se encargó de administrar torturas cuyas terribles consecuencias quedaron en la memoria y en los versos de alguna canción popular como esta:

Estando preso en la cárcel
un entierro vi pasar.
Era de José Maria
que lo maltrataron por no declarar.

[…] No te llevaron por El Parche
por culpa de un mal burgués,
fuiste por La Magdalena
y acudió la gente de todo Avilés.

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