Concejo de Gozón
La presencia más antigua en Gozón se encuentra
en Bañugues, entre la playa y la margen
izquierda del río, donde se localizó un importante yacimiento
compuesto de seis niveles, con importantes restos de
industria lítica de carácter Inferopaleolítico
aunque no se pude atribuir a una cultura determinada. Achelense
(Paleolítico Inferior) o Musteriense
(Paleolítico Medio) por haberse encontrado todas estas piezas
dispersas por la superficie de las playas. Del análisis de las
industrias se han diferenciado dos grupos: Uno es el de Industrias
Infero-Paleolíticas compuesto por la abundancia
relativa de bifaces, hendidores, raederas, denticulados y
escotaduras.
El segundo grupo lo forma la Industria
del Asturiense, definido por la
abundancia del pico asturiense, útil al que se le atribuye
un uso específico en marisqueo, como es la recolección de "llámpares"
o lapas. Esta cultura es posiblemente la continuadora del
Aciliense, conformando ambas el período denominado Epipaleolítico,
posterior al Paleolítico Superior y cuya cronología abarca
del X al IV mileno A.C.
Este yacimiento corresponde a un campamento
que estaría habitado por un grupo no muy numeroso de gentes
dedicadas a la pesca, caza y recolección.
También en la playa de Tenrero
(Verdicio), se recogieron varias piezas de
marcado carácter Musteriense como
monofaciales, denticulados y una lasca laminar. Hallazgos
aislados de útiles se realizaron también en San
Martín de Podes y en Legua (Luanco).
La mayoría de estas piezas se pueden ver en la vitrina Nº 1
del Museo Arqueológico Provincial de Oviedo.
Hacia el 600 a.c. llegan los Celtas y se establecen en la
costa, lo que queda demostrado con los restos que han
dejado de su cultura: el hórreo, el arado radial, el carro
de ruedas macizas o el cultivo de la escanda. En
Gozón se pueden localizar tres castros: El Castiello en Podes,
El Castiello en Verdicio y El Canto la
Figal en Laviana.

Aquí tendrán lugar, en parte, las sangrientas guerras astur-cántabras
que forzarán la llegada de
Augusto en el
año 19 a.c. De esta época romana, aun pueden verse algunos
restos de industrias pesqueras. Topónimos como
Alvaré
o
Laviana hacen referencia a
antiguas villas agrícolas alli asentadas. En los castros
marítimos del concejo han aparecido evidencias de
ocupación romana, como las mostradas por la presencia de
fragmentos de
Terras Sigilatas Hispanicas,
la aparición en
Bañugues de
Tegulas
(tejas romanas), una lápida en
San
Jorge de Heres (hoy desaparecida), fragmentos
de
Sigilata Hispanica y de
Estuco
Ocre y Rojo así como de una moneda de
bronce
de Pertinax demuestra la existencia de un
Fondeadero
Romano o de una villa.
La mina de hierro de Llumeres,
una de las principales de Asturias hasta su cierre en 1.967,
estaría ya en explotación en esta época. Evidencias de ello
se han encontrado, al aparecer un fragmento de mineral de
hierro fundido, procedente de Llumeres, en el cercano castro
de la Campa Torres en Gijón.
El nombre del concejo aparece por primera vez
en el Liber Testamentorum de la Catedral
de Oviedo, haciendo relación a las obligaciones que debían
prestar los hombres de Gauzón.
En ese tiempo, el concejo de Gozón comprendió
los territorios de los actuales concejos de
Carreño,
Corvera,
Illas,
Castrillón,
Avilés y el propio Gozón. En su territorio
construyó, en el año 866, Alfonso III El Magno el
castillo
de Gauzón, aprovechando un antiguo enclave
romano, para proteger su reino de los ataques normandos. Hoy
en día, ese castillo pertenece al ayuntamiento de
Castrillón,
pero cuando fue edificado, pertenecía al territorio de
Alfoz
de Gauzón, en el que estaba incluido el actual
ayuntamiento.
En el alto medievo la importancia de Gozón se
centraba en su castillo (la más poderosa fortaleza del
Cantábrico en los s. IX y X), cuya misión era defender los
tesoros de la Basílica Ovetense de un hipotético ataque
normando.
En el año 908 se construyó en esta fortaleza
la
Cruz de la
Victoria, (forjada por unos ángeles, según dice
la tradición) que es el emblema heráldico del actual
concejo. Durante muchos años fue polémica la situación del
castillo; hoy es aceptada por unanimidad el peñón de
Raices,
en la entrada de la ría de Avilés, como lugar seguro de su
construcción. Fue patrimonio real hasta que
Alfonso
IX lo cede a su esposa
Berenguela.
Posterior a este
Castillo
de Gauzón, se construyó también el
Castillo
de San Juan (aparece en un plano militar de
1.765), en el exterior del límite con el término actual de
Avilés (no puede olvidarse que el ámbito histórico de Gozón
es en parte el de Avilés y viceversa y que la comarca,
histórica y funcional, de Avilés incluye como mínimo la
vertiente occidental de Gozón). En último extremo el
Castillo
de San Juan fue defensa de Avilés, y no debe
ignorarse por simples razones administrativas. En ese mismo
plano de 1.765 donde aparece el castillo, incluye la
Ría
de Avilés y la cadena de cerros al sur de
la playa de
Salinas,
entre los que se encuentra el de Gauzón. Posteriormente,
sobre ese
Castillo de San Juan se edificó
el actual
Faro de San Juan.
En el año 1.309 el rey Fernando IV, dona por alfoz (es
decir, territorio rural dependiente de la Villa) a Avilés,
las tierras de distintos concejos, entre ellos
Gozón, territorios en los que
tendría vigencia el fuero. A pesar de tener que pagar una
cuota anual de 600 maravedís, el concejo se beneficia de las
ventajas y privilegios comerciales de Avilés, como el
monopolio de la sal, producto vital para la conservación del
pescado.
De esta época, ha llegado a nuestros días la
Iglesia de San Jorge de Manzaneda. Este monumento
de finales de siglo XII, destaca por su constucción en una
sola nave rectangular y por la decoración de su portada
occidental, arco de triunfo y ventana y canecillos del
ábside. Muy anterior era el Palacio de Manzaneda que
acompañaba a la iglesia, y que se encontraba defendido por
un robusto torreón feudal, su fundacion se remonta a la
época de Ordoño I, para resistir las correrías de los
normandos. Perteneciente inicialmente a la poderosa familia
de Valdés, en tiempos de los Reyes
Católicos, Menendo de Valdés "la
restauró por su mucho valor y hacienda". Más
tarde perteneció a la familia Valdés-Coalla
y posteriormente a la de Larriba Valdés-Coalla,
pues era cláusula del Mayorazgo de Manzaneda conservar
siempre el apellido Valdés-Coalla y "firmarse
de él".
Durante el reinado de Alfonso X el
Sabio, aparecen los primeros datos sobre la Puebla
de Gozón, asentada en el actual Luanco
(que se convertirá en la población más importante y capital
del concejo), debido a su enorme importancia en industria
pesquera de la caza de ballenas y los astilleros. Mediante
la Carta Puebla o Carta Pola, se concedía
la posibilidad de organizarse como concejo a las comunidades
o territorios, que quedaban bajo la tutela del rey,
permitiendo la repoblación y promoción de la vida urbana.
Las pueblas o concejos debían pagar los impuestos reales y
aportar hombres para el ejército.
Existen distintas versiones sobre la creación de Luanco; entre ellas:
- En el siglo XV, estas costas eran muy frecuentadas por embarcaciones gallegas, vascas, inglesas y francesas que se dedicaban a la pesca de la ballena en un gran banco de arena que estaba al frente del puerto actual. Los pescadores, atraidos por la comodidad que les ofrecia la bahia cercana para el resguardo de sus naves, edificaron en la ribera algunas chozas con objeto de verificar en ellas las operaciones que su industria exigia. A esta pequeña aldea, dieron los gallegos el nombre de O Banco, aludiendo al de arena en que pescaban.
- Otra probabilidad, es que provenga el acual nombre del antiguo castillo de Buango, que estaba edificado en las inmediaciones, segun consta en varias cronicas.
La pesca de la ballena, se realizaba desde
lanchas dotadas con timonel, cinco remeros y arponero. Una
vez capturada la pieza se procedía a su reparto según unos
usos y costumbres específicos de cada lugar. En Luanco
la pieza cobrada era llevada al denominado "puerto de
ballenas", la actual playa de La Ribera,
para, a continuación, proceder a su destocinado o
descuartizado. En esta operación únicamente eran admitidos
los que, de forma directa, hubieran intervenido en su
captura. Cada uno de ellos portaba un cuchillo, de "mango de
palo", con el que cortaba la parte que le correspondía. Se
reservaba la "regalia", o parte que le correspondía al Rey,
y que habitualmente consistía en una tira de la cabeza a la
cola, y la parte del vientre, que se destinaba siempre a la
Cofradía de Nuestra Señora del Rosario.
La grasa de los cetáceos era
derretida y embarricada en unas instalaciones que existían
en la actual Calle de San Juan. Esta calle
se denominó durante años, Calle de la "Fumienta",
en razón del mucho "fumo" que la operación de derretir las
grasas producía. Otra parte de la carne se salaba y era
aprovechada para el consumo humano. Los huesos tenían
múltiples usos en utensilios caseros o en la construcción de
cercas de las casas. Esta pesca, que se realizaba
fundamentalmente en invierno, se mantendrá con cierta
vitalidad hasta el siglo XVI, decaerá durante el XVII para
desaparecer, totalmente, en el XVIII. En el año 1.686
tenemos las últimas referencias alusivas a una ballena
capturada en Luanco. Restos de esta
antigua pesca es el lugar conocido como La Atalaya,
desde donde el "atalayero" debería avisar de la presencia
del mamífero, y otros lugares como Ballena
o Ballenín, en las proximidades del Cabo de Peñas.
Debido a la intromisión paulatina de los
monarcas en la vida municipal avilesina, a Gozón no le
interesaba permanecer por más tiempo bajo su tutela (el
tributo de merindad, que comenzó siendo de 600 maravedís,
llegó a ser de 3.000 a finales del siglo XVI). En el año
1.605 se realiza el deslinde de términos municipales, en el
que se tomó como línea divisoria en zonas húmedas la mayor
extensión de las aguas saladas en las mareas equinocciales.
Con el aliciente de la pesca, el
puerto de Luanco se convirtió en punto de referencia de un
buen número de personas procedentes de todo el litoral
cantábrico y de afuera de las fronteras peninsulares. Con el
progresivo asentamiento de estas gentes en la pequeña
factoría pesquera que era Luanco, se fueron dando
condiciones de núcleo urbano. A finales del siglo XVI, y
sobre todo el XVII, la ballena comienza a desaparecer siendo
sustituida por otras especies como la sardina, el besugo, el
congrio, que serán la base de una floreciente industria de
escabeches y salazones, que eran exportados a la meseta
castellana.
La inquietud e inseguridad (en el siglo XVII e inicios del XVIII) ante posibles ataques
piratas se resolverá en el año 1.781 con el inicio de la
construcción de una pequeña fortaleza en
el lugar aún conocido hoy como el Fuerte
(en Peroño), dominando la entrada al puerto de Luanco. La
fortaleza tuvo una vida corta y una corta utilidad pues, a
mediados del siglo XIX, ya estaba en desuso y abandonada.
En el siglo XVIII la industria de
salazones y escabeches , alcanza un espectacular
desarrollo, llegando a existir once compañías. Éstas serán
las precursoras de la moderna industria conservera que
existió en el pueblo hasta el año 1.984.
Durante este siglo, se levanta un nuevo
ayuntamiento en sustitución del existente de 1.592; se
construye la ensenada de la Rivera (1.723); se arreglan los
caminos a Oviedo y Avilés, dotándolos de puentes donde fuera
necesario; se construye la mayor parte de la actual Iglesia
de Santa María y se tallan la mayoría de sus
retablos; se levanta la Torre del Reloj,
dotándola de una maquinaria de campanas, y usandose a lo
largo de su vida como cárcel, torre-vigía, almacén, etc. En
el ámbito rural se construyen, de nueva planta o se
reforman, la mayoría de las iglesias y capillas, así como
también son de esta época un buen número de las casonas
solariegas que han pervivido hasta hoy.
Tras los ataques Ingleses a Lastres, Candás y
a la fortaleza de Nieva, que llegaron a ocupar por breve
tiempo, se decide acuartelar un regimiento en la villa de
Luanco, y construir un fuerte en el lugar llamado de La
Atalaya, en Peroño. Este fuerte, dotado de baterías de
cañones y polvorín estuvo termiando a finales de 1.782,
durante el reinado de Carlos III. Debido a su caro
mantenimiento, pronto se vió deteriorado y en desuso.
Con la invasión francesa
en mayo de 1.808, que da lugar a la Guerra de la
Independencia, se crea el día 28 de mayo, el "Regimiento
de Infantería de Candás y Luanco", formado por
diez compañías de mozos de Luanco y Candás,
hasta un total de 748 soldados y 30 jefes y oficiales; que
combatieron en tierras de Castilla, Santander
y el sur de Francia. Las tropas francesas
ocuparon Luanco en 1.809 y en 1.811,
causando gran daño a Gozón. Las contribuciones al ejército
nacional en especies o dinero; las exigencias por el
ejército invasor en ganado, comida y dinero; sumado al
saqueo y el pillaje; dejaron sumido al concejo en la miseria.
Un hecho importante para la historia del
concejo sería la fundación por Mariano Suárez Pola,
en 1.873, de un Centro de Enseñanza
(Instituto del Santísimo Cristo del Socorro), que
posibilitaría el acceso gratuito de los gozoniegos a los
estudios básicos y a las carreras de naútica y comercio.

Desde los últimos años del siglo XIX Luanco
comenzará a ser centro de veraneo de numerosas familias,
ante el auge de los baños de mar. Se comienza entonces la
explotación del fenómeno turístico complementando la
economía de un pueblo con una estructura industrial muy
precaria. Se introducen toda una serie de mejoras en el
equipamiento doméstico y en la infraestructura urbanística
para hacer más apetecible la estancia en el pueblo.
En los años finales del siglo XIX y las
primeras décadas del XX, el panorama industrial del concejo
se reducía a unas pocas industrias que podríamos considerar
modernas y otra serie de trabajos y ocupaciones con un
marcado carácter artesanal: la industria conservera
abastecida por una importante flota pesquera local que fue
una de las primeras en contar con embarcaciones de vapor en
Asturias; la explotación de yacimientos de hierro en
Llumeres (Bañugues); la
carpintería de ribera (construcción de embarcaciones) y la
elaboración y bordado de encajes de malla, trabajo que, en
el año 1.902, ocupaba a más de doscientas mujeres de la
localidad.
En 1.903 se inician las obras del nuevo Muelle
del Gallo; en 1.917 se comienza la construcción
de la llamada "carretera nueva", que unirá el nuevo muelle
con la salida del pueblo hacia Avilés; en 1.924-1.925 se
inaugura el nuevo parque público Zapardel.
Todas estas obras, y otras que habrían de venir, junto con
la progresiva masificación del "veraneo" y la rápida
urbanización y renovación del casco urbano, marcarán la
evolución del pueblo y del concejo en las últimas décadas
del siglo XX.
La llegada de
ENSIDESA a Avilés, hizo crecer
esta población con dos consecuencias sobre el sector
agrario: de una parte, la mayor demanda de productos lácteos
y cárnicos; por otra, la liberación de una mano agrícola que
pasa al sector industrial. Esto dio lugar a un cambio en el
paisaje agrario que pasó de un predominio de las tierras
cultivadas, a una situación en que los pastizales y terrenos
dedicados al cultivo de forrajes dominan el paisaje. Por
tanto, la llegada de
ENSIDESA provocó un gran desarrollo del
sector ganadero. Un proceso similar al agrícola lo sufrió el
sector pesquero con la creación de
ENSIDESA; pero con
diferentes resultados, pues si el agricultor pasa a ser
fundamentalmente ganadero, la mano de obra pesquera se
desplazará hacia la industria, perdiendo este sector su
antigua importancia, que había dado lugar a una floreciente
industria conservera, hoy totalmente desaparecida.